lunes, 21 de enero de 2013

Escribir


Escribir sobre la plata es raro, supongo, porque escribiendo, salvo algunas excepciones, no se hace plata, servirá para descargar las miserias propias, anestesiar con destino incierto ciertos dramas volátiles propios de la existencia, darse un aire más intelectual, decir, mirá yo escribí esto, aquello, todo en busca del levante, en saciar las inclemencias de la carne, al menos por un ratito, atento, si tuviéramos más guita la carne sería mejor, más fresca, más puesta todo en su lugar, no nos hagamos los sotas. Lo que sí olvidate de engordar la cuenta del banco, no, pibe, piba, te equivocaste de vocación, empezá el CBC en Económicas o Abogacía, yo te cargo la SUBE para empezar y te presto de yapa los textos de Sociedad y Estado que compré en EUDEBA hace diez años. 

Pero nos preguntamos qué tiene el escribir que nos gusta tanto, que nos ocupa tanto espacio, que nos dicen en el laburo, che hay horas extras, más guita, y decimos no, no, no, no queremos más estar acá, sólo pensamos en llegar a casa y dar rienda al teclado, que suene una y otra vez, la descarga, una vez más, del odio irracional que nos ocasiona el ver la cotidianeidad, que es odio pero materia fértil para que caminando por la calle afloren palabras, recordarlas, unirlas en oraciones, sacar temas, esa implosión interna que exige un cartelito verde que diga salida con un tipito blanco haciéndose el runner. Un amor al odio, pienso en un rapto de estupidez poética, mil perdones, juro no repetirlo. Y ojalá que podamos laburar menos tiempo, si no se escribe, todo resulta absurdo, sin escribir, ¿cómo me saco la frustración que llevo conmigo? La ausencia de felicidad es la frutilla del postre para cualquiera que desee escribir, podremos discutir sobre estilos, formas, vocabularios, potencia, si escribe bien o mal, pero sin frustración pibe o piba, no podés culminar ni media carilla. Una linda vida no le interesa a nadie.

¿Somos frustrados porque nos falta ambición? No lo sé. Escribo esta pregunta y tengo miedo de apoderarme del cuerpo de mi terapeuta, que me mira, que es una pregunta tan de ella, y sí, puede ser que seamos unos frustrados, odiosos, que nos rompa soberanamente las pelotas que a otros les vaya bien con un estilo de vida que no toleramos, para peor cogiéndose a las mejores minas, tetonas, bien culonas, que en estos momentos deben explotar en la playa, bien de publicidad de cerveza, pero de vuelta maquinamos y decimos, cogerse a las mejores minas implica una exigencia constante, mucha guita, cambiar el auto cada año, el celular cada 6 meses, propiedades, y todo en una fila que con el paso de los años debe, en términos de obligación, seguir ascendiendo. No hay con qué darle, y tampoco nos gusta demasiado la guita. O seremos putos, qué se yo. No descarto ninguna hipótesis. 

Lo ideal, pienso mirando desde esta hemorragia arquitectónica que es el barrio de Balvanera, es bancar la parada con un laburo que soporte las estructuras, porque las necesitamos, porque las queremos, porque no me voy a ir a un monte a hacer la revolución viviendo de la agricultura y ya me estoy poniendo grandecito y con achaques para militar en el PO, que podamos encontrar tiempo, y allí sí, uso un término bien burgués, bien capitalista: maximizar. Quiero ser más claro, para qué necesidad más plata cuando tenemos lo básico resuelto. El objetivo reside a partir de ahora en poder laburar mucho menos manteniendo lo básico, una planificación aceitada que el hombre debería tener como puntal, ya sé a veces no se puede, pero hay que intentarlo, pisar alguna cabeza, no lo sé, ése fin permite que vayamos por todo y todos. Para tener tiempo, para respirar, para tirarse en una reposera, rascarse las bolas, leer cualquier libro, anotar ideas en papelitos, robar frases, ver cómo funcionan los diálogos, autoconstruirse con partes de uno que, por ratitos, lo convierten en un ser luminoso, quince minutos al menos. Estas ejecuciones corporales y mentales requieren claridad en los pensamientos, por eso refuerzo la idea de disminuir las horas laborales, carcomidas por la mediocridad y la repetición, sacadores de inteligencia, los contextos así, la mayoría en el contexto laboral hacen perder intelecto, y así andamos todos, medios zombies, sin sensibilidad, una carcasa inútil, deleznable, que me provoca arcadas algunas veces que me miro al espejo.

martes, 8 de enero de 2013

Bonito Cuelgue - Programa 13

lunes, 31 de diciembre de 2012

Anuario 2012


12° Bonito Cuelgue



 Sección #5 -Condena a 4 años de Felisa Miceli -Video prohibido de Florencia Peña -Reaparición de CFK y sus dichos -Renuncia de Del Potro a la Copa Davis -Obama y el precipicio fiscal

Sección Recreo: -Sorteo de los libros #QuieroElLibroDeBonitoCuelgue -Consigna de la semana #EsteAñoMePermito -Autor: Fogwill, leemos un fragmento de "Muchacha Punk" 

Temas musicales: -Tan Bionica - Mis madrugaditas -Francis Andreu: Milonga Sentimental -Onda Vaga: Mambeado

martes, 25 de diciembre de 2012

Ganá libros con Bonito Cuelgue


Te podés ganar estos tres libros hermosos. Sólo tenés que agregarnos a Twitter: @bonitocuelgueok o a Facebook y decir #QuieroElLibroDeBonitoCuelgue. El sábado, sorteamos. 

11° Bonito Cuelgue




Sección #5:

*Saqueos organizados
*Revocación La Rural
*Cromañón: Todos presos
*Renuncia de Monti: Elecciones en Italia
*La interpretación del fin del mundo maya

Sección Recreo;
*Resumen Hashtag #LoMejorDel2012
*Obra de Alejandro Dolina

Temas musicales:
*Andrés Calamaro: El día de la mujer mundial
*Enrique Bunbury: Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha
*Los Piojos: Luz de marfil

domingo, 16 de diciembre de 2012

10° programa de Bonito Cuelgue



Sección #5
-El caso Marita Verón.
-El fallo del juez Horacio Alfonso. Ley de Medios.
-Liberación de la Fragata Libertad. 
-Masacre en una escuela de EEUU.
-La posible llegada de Carlos Bianchi a Boca

Sección recreo:
-Resumen Hashtag #MePoneContento
- Tomás Eloy Martínez: Vida y obra del autor tucumano. 

Temas:
-Estopa: Vacaciones
-Cielo Razzo: Vieja caña
-La Vela Puerca: La teoría 

TW: @bonitocuelgueok
Facebook: Bonito Cuelgue
Blog: www.bonitocuelgueradio.com.ar

jueves, 13 de diciembre de 2012

De su lado



A veces no hay que decir lo que se siente, hay que guardarlo, ponerlo en un sobre lacrado, pensar la situación, preguntarse por qué razón hay que sacarlo a la luz, cómo, qué palabras utilizar, el lugar, el tiempo, tantos factores desparramados en la mesa de juego y tener la inteligencia y lucidez de elegir la carta correcta en un mazo tan amplio, clavados en la gamuza verde con una variedad de naipes que saben cómo seducirlo. Poder jugar a ser René Lavand por un ratito, hacer una jugada maestra, pegar el zarpazo y llevarse a la cama la chica que todos desean. Ilusión pura. Y decirles “no se puede hacer más lento”. Quién pudiera, ¿no? Caer en la certeza que, por más alta velocidad que le ponga, no se va a llegar a mejor puerto, que mejor que correr con premura es saber conducir con el GPS actualizado y los papeles en regla. Recordó La Falda, el camino de tierra que lo conducía a la cabaña, unos pocos negocios a los costados, heladería, casa, árboles, casa, heladería, artesanía, bar, artesanía, artesanía, farmacia y el bar enfrente del viejo hotel, con los sillones blancos y esa lámparas altísimas en la puerta, el mismo donde la conoció a Flor, la princesa hipocondríaca que mezclaba buscapina con alplax, que se iba al baño cada dos minutos, que estaba presente con sus ojitos negros, cerrados, pero a su vez no, que saltaba, gritaba, enfurecida, sacada, que le apretaba el brazo y lo llevaba al piso de maderas uniformes sólo para bailar, con su sonrisa imperfecta, el flequillo al costado, la boca bien carnosa y la temperatura perfecta: la mujer ideal para emborracharse con fernet hasta las ocho de la mañana, mirar las sierras, coger desenfrenadamente, prometerse que no iban a ser solamente un amor de verano y ya que estaban reírse de aquellos que prometían lo mismo.

En La Falda comprendió que el detenimiento en cada paso permitía una disminución en su propio kilometraje interior, observó las puertas abiertas de las casas sintiendo añoranza de otros tiempos, de su infancia con la mamá esperándolo con la puerta abierta para prepararle el café con leche y ver a las cuatro en punto el Inspector Gadget, sintió el olor que le impregnaba en la ropa ese desayuno casero que preparaba la tía Josefina, la mermelada artesanal, hecha con sus propias manos que se estrellaba contras las tostadas recién hechas, calentitas, el pan casero, los criollitos, oyó el sonido de fondo de la radio con tonada cordobesa y transpiró el largo rato que caminó tratando de aliviarse las angustias. En la transpiración se expide todo lo malo, todo lo que atormenta, lo que sulfura los pensamientos.  Y también el escribir y escribir, el correr desesperado a los papeles garabateados cuando una idea aparecía insolente de la nada. Escribir como catarsis, una y otra vez, insistir sobre el texto, machacar en las ideas, borrar, escribir, borrar, cambiar de persona, acordarse de antiguos amores, incertidumbre, temores, describir lo que sale del cerebro, como si eyectara una cintita blanca, ésa que se usa en los electrocardiogramas, llena de información, imágenes, sensaciones, olores, todo que está en uno, los ingredientes de la receta que le enseñó aquél profesor de Literatura que tuvo en el Nacional en cuarto año. Federico Castillo, su nombre. Se acordó cuándo le contaba algunos problemas y él, siempre, intrínseco, con la misma prédica: escribí pibe y se te pasa, vas a ver. Fue una amistad que traspasó el aula, una guía espiritual en aquellos inicios en la facultad, en el descubrir el mundo Puán, los pisos, con quién hablar, por qué autores bucear, qué cátedras elegir, a cuáles fiestas ir, cómo tenía que moverse en el “famoso” patio, una pieza sustancial que lo ayudó a ser en esa época donde Letras lo fue todo, donde devoraba páginas leyendo a Borges, Bioy, Aira, Piglia, Sarlo y Saer, en el descubrimiento de un mundo que sabía que existía, tenía un lejana comprensión, pero que ahora estaba así, de topetón, tan cerca, al alcance de la mano. Pero Fede un día se cansó de la Ciudad, encontró laburo en un colegio de Los Antiguos y no lo volvió a ver.  Quiso cambiar el rumbo de su vida, una decisión valiente, con una carga tremebunda de testosterona encima. Lo extrañó como a esos seres que forman parte de la escenografía propia, con actores principales y secundarios, queriendo retroceder el tiempo para volver a ésos momentos sin responsabilidad, sin nada que pensar, sólo leer y agarrar birome y papel.

Sin embargo, su ausencia no puede compararse con la de Carolina, no hay grado ni punto de comparación. De ella apenas quedaron guardados unos mensajes que, con precisión de escultor, trataba de que no se borraran ni meter el dedo en el lugar equivocado, si la casilla se llenaba, borraba manualmente, estaba prohibido tocar el botón de eliminar todo. Ésos mensajes eran la constitución de su último bastión, borrados ellos, lo poco del imperio que había imaginado con ella, etéreo, abstracto, del que nada (o casi nada) pudo convertirse en hecho verídico. Como si fuera el  año 476 d.C, y la Roma soñada por los grandes emperadores quedara hecha polvo, añicos. Que la inmortalidad tenía fecha de vencimiento, que lo que somos se ubica en una góndola, que la fecha final llega, irreversible. Podía ocurrir eso con apenas apretar borrar un par de veces, pero no lo quería, no podía tolerar una destrucción total de lo que imaginó, debía guardar aunque sea una mínima esperanza, una breve muestra de lo que podría haber sido si la ruleta jugaba para su lado. La sensación de exclusividad que sentía al repasar ese montículo de palabras que tenían como destinatario su nombre, que ella había pensando en algún momento en él, alivianó el aire, abrió los pulmones para respirar, pudo ser que el recuerdo de La Falda y su aire serrano lo hayan ayudado en tal proeza. Carolina todavía tenía la potestad de que, sin mover un dedo, lo hacía sentir bien. Aunque ahora estuviesen a miles de kilómetros de distancia.

Carolina, 27 años, recién recibida de arquitecta, morocha, alta, piercing en la nariz, algunos agujeros en el lóbulo izquierdo, simple, especial, linda, muy linda. La conoció hace 16 años, en un marzo lluvioso, compañeros de inglés particular, la primera vez, llegó tarde como casi siempre y el único lugar disponible estaba en la fila del medio, en el último banco, pidió permiso, dejó el paraguas al costado, se sentó y dio vuelta la cara, ahí fue el primer contacto, ella delataba aparatos, él un acné incipiente, luego curado con una dermatóloga que Carolina la recomendó y fue santa solución, le dio unas toallitas humectantes, mucho bronceador a la mañana y al mes el acné grado 2 despareció por completo. Se acuerda de esa imagen como si fuera hoy, miss Susana dando la clase, el pizarrón verde vacío llenándose de palabras desconocidas, que past simple, que la tablita de los verbos, que esto, aquello y la mirada de Carolina esforzándose por ver, sacando ímpetu desde las cejas y cambiando la fisonomía de su cara. A su alrededor, nada parecía tener sentido. Seguía siendo igual de linda, una belleza inocente, la misma beldad que observó por última vez cuando se fue, en la esquina de Pedro Goyena y Víctor Martínez, ahí en Caballito, el barrio de los dos, el de siempre. Estaba más curtida, más guasa, pero mantenía rasgos que le recordaban a esa tardecita lluviosa de marzo, a la chica soñada, a la que el destino te la marca. La prolongación del amor tiene eso, la misma persona se modifica pero igualmente la eficacia no difiere, es una fortuna que eso le pase a un ser humano, una excepción a la regla, el amor no siempre golpea puertas en forma heterogénea, a veces selecciona, te dice a vos sí, a vos no, a vos tal vez, a vos quizás te pase el tren una sola vez y no seas tan pelotudo de dejarlo pasar.

Carolina nunca se ató a lo convencional, lo fue descubriendo con el paso del tiempo, la brusquedad en el ser es puro maquillaje, tenía razón su abuela, la procesión va por dentro, sigilosa, presente. Ella liberadora, creyente de la libertad como fuente de existencia pero no desde la mirada hippie, con polleras floreadas y morral en el costado, quizás más sartreana, no se sabe, sino desde la cabeza, en la construcción de sí misma como una mujer diferente, algo reflejado en el sufrimiento de la madre, sola, abandonada por un tipo que la dejó y se fue a la mierda, con dos pibes de postre. Es la conservación humana, finalmente, que imposibilita repetir movimientos, acciones, que sólo traen dolor como recuerdo. Sintió la diferencia entre ambos, el instinto conservador arrasaba en la figura de él, familia italiana, cuidar el mango, nunca alquilar que tirás la guita en un pozo sin fondo, vivir en la loma del orto pero que la casita sea tuya, los tan mentados ladrillos. En el amor, igual, casarse, quejarse, aburrirse, miedo al cambio, algún cuerno de vez en cuando, contar los años para jubilarse y final de la historieta. Salir de ese círculo vicioso tiene dejos de hazaña. Romper las estructuras también, el dolor arrasa la mampostería, el techo, las persianas chocan y vuelven, se remontan las cortinas, viento y más viento, la sensación perenne de que todo va todo al carajo.

El viaje a Bogotá, el cumplimiento de ese dicho que estaba en el aire y nunca se cumplía, la satisfacción esa madrugada en Ezeiza, sonriendo los dos, felices, luego de algunos meses ahorrando para llegar a tierra colombiana, aquella noche, tan cálida, que se acostaron, lo lindo de saber que la relación siguió como siempre, recorrer ese sitio que tanto habían imaginado en los bares de José María Moreno, en las caminatas interminables, en los abrazos cuando uno u el otro estaban tristes, en el acompañamiento de años, en un silencio que prefirió no embarrar nada, ser así, tener la capacidad de llevarlo y enaltecerse de sentir lo que siente por ella. Parte de una ilusión, un lugar donde hoy se sentó, levantó la cabeza, respiró profundamente, sonó el celular, atendió y era Carolina, que lo llamó desde Toledo, que lo quiere un montón, que falta poco para que venga a Buenos Aires, que por favor la extrañe.

lunes, 10 de diciembre de 2012

9° programa de Bonito Cuelgue



Sección #5:

*El 7D que no fue: fallo a favor de Clarín
*La nube tóxica
*Incidentes en el Dot: Inundaciones porteñas
*Prórroga hasta 2020 del protocolo de Kioto
*Riquelme vs. Falcioni

Sección recreo:


*Resumen del Hashtag: #MiDeudaEs
*Hablamos de la literatura de Jorge Asís

Temas musicales:


*Mil intentos - Los Tipitos
*Human - The killers
*El vago - Pampa yakuza

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domingo, 2 de diciembre de 2012

8° programa de Bonito Cuelgue


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