martes, 31 de diciembre de 2013


Lo único que hago es aguantarme la cabeza. Disperso los pensamientos, obnubilo la vista, me tiro en el colchón y respiro, sólo respiro. Se me seca la boca, me mojo los labios con la lengua y vuelvo a respirar. El ventilador hace su propio movimiento, las cortinas con un tenue movimiento dan una brisa que seca la transpiración. Aparecen las imágenes, las caras, los gestos, el pasado intermitente y vuelvo a dinamitar las ideas, las acciones que me piden salir de la cama. Me niego, no tengo ganas de cambiar el exterior, lo intento, busco y todo se vuelve tan absurdo. Quiero darme energías pero ya no puedo en esta noche. La vida es así. No estoy enfermo, quiero sentir la piel de nuevo, que la sangre por fin irrigue de vuelta, no pelearme tanto, escuchar más los sonidos del exterior sin pudrirme tanto la cabeza. Que entren y como así se vayan. Sin vergüenza del afuera, por más que nos dejen la cara toda colorada. Quiero volver a sonreír, fumar con un libro en el regazo, en cuero, mirar desde el balcón con tranquilidad, en ese proceso de creer que no todo es tan grave ni todo podrido. El significado de la podredumbre, de la descomposición como algo natural y humano a la vez. 

domingo, 27 de octubre de 2013

Infancia

Cómo quiero a mi infancia. Lo supe, lo sabía desde hace tiempo. Me recuerdo a esos días soleados en Palomar, celestes, tan celestes, el sol, el no saber qué hora era, sentir la libertad propia de la niñez, de la buena niñez. El viento, los árboles moviéndose, tener figuritas de ALF en las manos chiquitas, creo que era un jueves. Ésa imagen irrumpe, como si el tiempo se detuviera.  El olor a asado los fines de semana, mi padrino subiéndose con un vaso de champagne para pintar el techo, los Mirage que pasaban y eran como si llegaran extraterrestres. Mis extraterrestres, ése barrio se conectaba y a su vez estaba aislado, no tenía necesidad ver ni salir a otro lado. Lo que me hacía falta lo tenía. Los abuelos esperando el 182 para ir a Flores, en una esquina soleada frente a una despensa, a metros de la capilla que representaban imágenes de los caídos en Malvinas. Lo supe después. No formaban parte de mi tiempo y espacio. El triciclo, el pasar del comedor a la cocina, de ahí a la habitación de mis viejos, a la mía, salir al patio. Llegar al Taunus, al patio, las flores, el alambrado hecho de plantas, la calle vacía al más allá. La pileta, los chicos reunidos esperando que papá la llenara, con las mallitas y el toallón. Mi timidez, tan visible. Era muy tímido pero muy feliz. Son tiempos que los llevo conmigo, que tristemente en determinas situaciones no me vienen a la memoria pero que golpean en tu estructura, llamadores, claman para no esperar. Salir del jardín de la mano de mamá, dos cuadras, la calle Sabat, mirándola de arriba, los pantaloncitos y buzos celestes, las zapatillas blancas, muy rubio, verlo todo desde abajo, de una magnitud semejante. Lo viví tiempo después cuando ya grande entré a votar a mi aula de primaria, de primer grado. Todo tan chiquito y a mí que me resultaba gigante. Ir de la mano de mamá, recordar a papá sangrando y golpes en la cabeza, brazos, pecho, porque el avión que se había ido a espiar a Malvinas no llegó de la mejor manera. Una tormenta que casi no les hizo contar el cuento. No sería la última vez. Que compañeros internados, que uno se fracturó la tibia y peroné en siete partes, el abrazo de papá, todo una irrealidad. El cuadro dibujado del avión y ellos arriba, una caricatura, que me causaba tanta gracia, divertida, llamativa para un nene de cuatro años. Contagiarme de varicela, granitos por todos lados, sacarme el guardapolvo celeste, la corbatita diciendo Adrián. Es mi pasado y orgulloso de haber formado parte, siento, pienso, con la sana perspectiva del tiempo. 

sábado, 6 de julio de 2013

1° Bonito Cuelgue en Sin Dial Radio

http://www.youtube.com/watch?v=zTVkchKzn04&feature=c4-overview&list=UUufIsIS_5u1dduAidBfjJYA

sábado, 8 de junio de 2013

Ignacio


Avanzamos sigilosamente, hacía frío, lo sentíamos mucho más después de salir de ahí. La calle marcaba la temperatura, nosotros caminábamos midiendo la velocidad, algunas cuadras los pasos eran más raudos, en otro más lentos, pausados, como si tomáramos impulso para poder continuar, no sé a dónde pero alejarnos. De la muerte de Ignacio tuvimos reacción mucho tiempo después. Hasta reaccionar, ya ni sé en qué tiempo, no existimos, nos transformamos en una gran hoja en blanco sin ganas de empezar a escribirla. Ése martes, ése frío, la salida del velatorio, el volver a vernos, cambiados, con traje, anteojos negros, cumplir a rajatabla los clichés, lugares comunes de vestimenta que se efectúan en estos templos del comercio, el ataúd siete lucas, ¿me la podés contar?, una maderita berreta, una crucifijo, siete lucas, lo mismo que gana un gerente de una empresa medio pelo, pero que es gerente. Siete lucas para que una persona se pudra. Pero va a tener cristiana sepultura, menos mal. Pensaba en  que la muerte sirve de unión, de lavar culpas, años sin vernos con determinada gente y un muerto te hace pisar el mismo suelo, ellos lavan culpa, yo también, Emiliano, quien caminaba al lado mío lo mismo, ahora que me acuerdo un poco más atrás, como siguiéndome a centímetros. Camina, pone las manos en los bolsillos de la campera y sigue, cómo no entendiendo o quizás sí, resulta tan difícil llegarle, cómo hacer que se abra, que comparta sus emociones, que se indigne, que nos mande a cagar, pero no, aguanta, ¿será una olla a presión? ¿o se podrá vivir así? Lo veo angustiado, respira, saca humo por la boca, quiere jugar con cualquier cosa, aprieta con fuerzas el celular que tiene en la campera, pide a gritos abstraerse. Algo te conozco, Emi. Yo pienso en la nimiedad de todo, el domingo jugando al fútbol, el martes ves el pastito desde abajo, todo rápido, una gran cagada. Lo injustificable, no pará, en realidad no hay muertes justas e injustas, hay muertes, dolor, una madre hecha pelota para quien nada volverá a ser lo mismo. No volver a ver a esa persona, ahí tenemos el dolor. Porque si congelaran a los muertos y podrías verlo aunque no hable, no haga nada, no abrace, no putee, la nada misma pero verlo, saber que está ahí, tal vez la procesión no vaya tan por dentro, tal vez la procesión tenga un menor recorrido, pero no, gusanos, tierra, descomposición, huesos, el desaparecer.

Navegamos en la intrascendencia durante todo este tiempo, yo de tan cagón al menos anoto palabras, corrijo, concadeno oraciones, quiero darle algún sentido al exterior, desde la gramática, en estructurar con letras, que son palabras, que son oraciones, que son párrafos, que es un texto, parido desde las entrañas, remendado, cortado, violado, pienso esto mientras me hace ruido la panza, que se me agrieta, que voy a llegar a casa y tomarme algo, que el café no hacía falta, pero por compromiso, para no quedar mal como siempre. Me agarra culpa hasta en un velatorio, tengo miedo de lo que dirán frente a un cadáver que no va a decir más nunca más. Estamos jodidos. Emiliano me repite lo de la familia, el único hijo varón, que Susana, que las chicas, solas, me dice y me pregunta, a mí me dieron ganas de whisky, de no pensar, las chicas se van a arreglar o no, se irá todo al carajo o no, debajo de la autopista, dormirán en el Puente Alsina, no lo sé, pero quiero tomar whisky, aunque sea la peor cagada nacional, necesito una trompada más al hígado, sentirme mal en serio, gritar en pedo, viste Nacho, viste cómo nos dejaste forro, ahora nos dejas. Sí, también me dieron ganas de coger, de sacarme las ganas, de extirpar en lácteo las miserias que cargo, que se siguen sumando, que el exterior no tira un centro. Una vieja, una pendeja, algo que despierte el instinto animal, que la otra sea una cosa, tomá, te uso y listo. Vos no sos nada para mí. Se murió mi amigo y vos, tus dramas, tus hijos, el por qué estás ahí, el lugar de mierda éste, todo me lo paso por el centro de las pelotas. A la muerte se la debe contrarrestar cogiendo, una vez me lo dijo un taxista en los días posteriores a Cromañón, me resultó tan desagradable, yo era un pendejo con moralina, me resultaba pajera las frase, obscena, hoy la entiendo un poco más. La perspectiva del tiempo será. O seré otro pajero de los tantos, tampoco lo descarto.

Le digo a Emiliano de ir a tomar algo, que todavía no era hora para cenar, que tomemos algo, lo de las trolas lo abandono, Emiliano no juega con la misma camiseta, o tal vez vaya solo más tarde, lo veremos. Si camino por Corrientes varias cuadras algo voy a conseguir, por cien, doscientos mangos puedo pasar un buen rato. Buena carne, seguro. Encontramos un bar en la esquina por Corrientes, antiguo, de madera, enfrente de la Iglesia Universal de Dios, repleta, la calle vacía, la iglesia llena, veinteañeros con saco, corbata, como si estuviesen regalando electrodomésticos, la gente tiene que creer en algo, pienso, ahí me siento más dichoso, más oveja descarriada. Nos sentamos, los últimos rayos de sol atraviesan mi cara, café con leche para él, un vaso de Criadores para mí, era lo mejor que había en la carta que estaba deshecha por el uso, el papel amarillento, cortado, cuatro o cinco viejos en una mesa, nada más, ahí desistí del Old Smuggler, no hablamos de Ignacio. Hablaríamos mucho después. Decidimos cambiar la conversación, llevarla a otras orillas, que Ignacio se transforme en un tema tabú, no podíamos mediar ante una realidad que nos pasaba por encima. Esto lo escribo con el tiempo transcurrido, en esta voracidad de escribir a la cual no le encuentro solución, en los recuerdos que se me aproximan, se posan en los ojos, que erizan la piel.

martes, 28 de mayo de 2013

10 años de los Kirchner

El 25 de mayo, además de cumplirse el 203º aniversario de la Revolución de Mayo, se cumplen diez años desde la llegada de Néstor Kirchner al poder. Como todo número redondo, tiende a realizarse un resumen, una reseña que nos permita comprender este proceso histórico con características y particularidades muy notorias y claroscuros, claro está. Hace 10 años, Kirchner era un desconocido que venía del Sur, con el apoyo del entonces presidente Duhalde, una última carta jugada por el no de Carlos Reutemann, la poca medición de De la Sota, parecía Kirchner en la previa, alguien que iba a ser fácilmente tutelado por Duhalde. Nada de eso pasó. Hoy, el kirchnerismo acaparó en totalidad la arena política, un proceso paulatino, ante una oposición absorta que nunca pudo imponer la agenda, ni hasta cuando en 2009 le daban los números en el Congreso. Chiquitaje, egos por doquier, una falta de respeto a la ciudadanía que en un gran porcentaje bregaba para una equiparación de fuerzas. Mérito, digamos del rival, que cuando pensaron que estaba groggy resurgió cual ave fénix y los pasó por encima, sin contemplaciones. Con el kirchnerismo, ávido de revancha, atenti. El kirchnerismo como divisoria de aguas en la sociedad argentina, con los riesgos que esto trae aparejado, excesos de un lado y del otro.

Estos 10 años han traído luces y sombras. La política de Derechos Humanos, activa en la búsqueda de Justicia para las atrocidades cometidas en la última dictadura cívico-militar, ha sido un puntal saliente. Un símbolo, la muerte de Videla, lo encontró detenido y condenado en una cárcel común. Como tenía que estar un asesino, un hijo de puta. Los juicios desarrollados en distintos puntos del país, con amplificación de condenas a represores mostró la cara de un Estado activo, que no iba a permitir la ilegalidad. La ampliación de derechos ciudadanos, como la AUH, Ley de Género, Ley de Matrimonio Igualitario, entre otros, ha colocado a la Argentina en la vanguardia de esta materia. La inclusión social, materia indispensable tras el 2001, muestra resultados intermitentes, avances mediante la Asignación Universal por Hijo, una inversión predominante de Educación y otros aspectos no tan fructíferos, caso Salud, en los que el Estado, hay que decirlo como sujeto recuperado parcialmente desde 2003, debe lidiar con una estructura de pobreza fija, difícil de remover. La deuda con los que menos tienen se sigue manteniendo, mucho más saliendo de la General Paz, a pesar de años creciendo a tasas chinas. Ésta es una batalla que no se brinda con las potencialidades requeridas, aquí es la deuda principal, la interna, la que más duele. La que no puede esperar más tiempo.

Nacionalización de Aerolíneas, YPF, fondos de la AFJP. La presencia de un Estado firme es condición indispensable para reducir las brechas económicas, sociales y ambientales, esta última lamentablemente pocas veces tenida en cuenta. Allí también vemos como la minería cielo abierto daña sin consideración el suelo argentino. También el uso de agroquímicos. Hola, Monsanto. El pensamiento único llamado neoliberalismo deschavó la mentira mediatizada de que el mercado todo lo podía. El objetivo, en este incumplido, es cómo transformar en menos deficitaria estas estructuras, ahora estatales. No caer en la mentira privatizadora, que desguazó el orgullo que fueron YPF y Aerolíneas, pero crear condiciones óptimas a inversores, para así prestar un mejor servicio y que dé cuentas menos negativas, un propósito nada sencillo pero cuando hablamos de un Estado inteligente, hablamos de esto, de profesionalismo al límite en cómo administrar el dinero que es de todos. Ni más ni menos que eso. Los amiguismos, de lado.

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue otro mojón en estos diez años de kirchnerismo. Una contienda, la más importante desde el arribo de Cristina Fernández de Kirchner al poder como es contra el Grupo Clarín, amigos desde el 2003 hasta el 2007, incluyendo fusión Multicanal/Cablevisión, ilegal, pero avalada por el entonces presidente Néstor Kirchner, hoy enemigos públicos declarados. La llamada Ley de Medios, positiva desde su concepción, urgente para una multiplicación de voces dentro de un mercado oligopólico, férreo, poco apegado a cumplir normativas laborales, sigue, después de más de 3 años, estando en despachos judiciales. La LSCA, positiva, democrática y plural desde el papel, está inmersa dentro de la guerra con el Grupo Clarín, iniciada en 2008 tras la Resolución 125, cuando Kirchner entendió que el multimedios le estaba soltando la mano, tal cual hizo con otros gobiernos, decidió patear el tablero, como hasta entonces nadie se había animado. Pero fue el mismo que avaló la principal fuente de recaudación del Grupo, Multicanal/Cablevisión.  

La juventud juega un rol clave en estos tiempos. El kirchnerismo les abrió la puerta, a algunos mediante dádivas, otros por compromiso y convencimiento, al colectivo juvenil, invisibilizados en los `90, que encontró la calle como respuesta a sus incertidumbres, inquietudes, broncas. Un hecho puntual lo reflejó ante la opinión pública: el velatorio de Néstor Kirchner. Allí se vislumbró de lleno la presencia masiva de jóvenes, mochila en el hombro, que resurgían en la esfera política como partícipes fundamentales. La política ya no vista desde la mala palabra que fue en otros tiempos sino como una acción urgente para modificar la realidad. Un error, repetidamente sostenido en los medios de comunicación, resulta la estigmatización férrea de los jóvenes y cae en la simplicidad de La Cámpora. La llegada de los jóvenes a la política excede los márgenes de una determinada agrupación.

En estos 10 años también hay que hablar de inflación y política de transporte. Inflación, falsa desde lo vertido por el INDEC, falsa también desde lo que dicen las consultoras privadas, en la diferencia entre ambas cifras encontraremos un resultado más acorde a la realidad. Esto es una tarea de ciudadano, de cada uno. Una inflación que come, en su gran mayoría, los aumentos brindados en paritarias (logro de Néstor Kirchner), y no permite un avance en los ingresos de los trabajadores, con estrecha capacidad de ahorro y escasísimas posibilidades, en los sectores jóvenes, de llegar a la vivienda propia. La política de transporte tiene resultados: 51 muertos en la tragedia de Once. Jaime y Schiavi. La desidia del Estado, más la complicidad de aberrantes empresarios, deseosos de exprimir hasta la última gota de sangre, nos trajo la suma de cuerpos apilados, asfixiados. Inocentes.  Corrupción sí las hay. De abajo hacia arriba o viceversa, no importa mucho, lo que sí es que está, y mucho antes de que Lanata se hiciera el paladín de la Justicia. Papel que no le creemos, también es cierto.

Siempre hay que sacar un poco la nariz del plato, estos 10 años también encontraron una economía mundial que se desbarrancó en 2008 y todavía no encuentra respuestas fehacientes, más allá de las recetas de ajuste al gasto público, flexibilización laboral, el verso que azotó Argentina con palabras del FMI, esa maldita palabra saldada del vocabulario argentino tras el pago realizado por Néstor Kirchner en 2005. Un acierto por dónde se lo mire. La economía se resuelve, bien o mal, acá y no aguardaremos la entrada de salvadores como en otros tiempos, cual Colón llegando en carabelas. Los trapitos, en casa. En un contexto adverso, y mediante la globalización extrema, las economías se interrelacionan de forma naturalizada y la crisis que es de allá, trae resabios para estos lados. El gobierno, durante todo este tiempo, entendió que el consumo era fundamental para capear este tipo de situaciones e incentivó con dinero fresco. Evitó devaluaciones sugeridas por voces nefastas de otros tiempos y enfrenta un escenario local y global con muchas complejidades de acá a 2015.

10 años han pasado. La llegada en ese tumultuoso 2003, en un país a la deriva, encontró a Kirchner en el único actor político, luego a su esposa, adquiriendo en exclusividad el peso de la escena pública. Tomarlo o dejarlo, admiradores y detractores contemplaran este tiempo político de una manera disímil, habrá mucho de verdad, también de mentira. Finalmente es Argentina.

lunes, 15 de abril de 2013

Eso que llamamos militancia


Yo, apoyando la espalda contra la pared, en el piso, estirando un poco las piernas, cansado, ojeras, viernes, con un vasito de café en una mano, con otra removía los dos sobres de azúcar que le había puesto. Hola, cómo estás, tus cosas, qué estás cursando, sí, esto, que esta profesora no, que fijate con Otero, que Oliver, que yo estuve tres años sin cursar, y la pregunta, por qué. No, estuve militando ciento por ciento, me designaron en la quinta sección y trabajé ahí, militando. De golpe, me pongo a pensar que hice en estos tres años, enumero en una lista imaginaria, mental: me recibí, escribí la tesis en tres zarpados meses que ni los recuerdo, formé pareja, peleé, volví, viajé lo que pude, seguí estudiando, puteé por San Lorenzo, no nos fuimos a la B, no me echaron del laburo, me enojo conmigo, mucho, a veces aflojo, fue un reflejo, un decálogo de ideas que me atravesaban mientras la charla avanzaba hacia otros destinos. Pero recordaba lo que él me dijo después de la palabra militar, mirá Adri yo vuelvo a cursar porque necesito terminar la carrera, es por mí.  Y no está mal, hay un instinto de supervivencia, egoísta ponele, pero genuino a lo humano, todos queremos cumplir sueños y son propios. ¿Quién te lo puede discutir?

Jodida la militancia 24/7, asfixiante como cada vez que me pongo corbata, siento que me atrapa la nuez y giro la cabeza de izquierda a derecha y viceversa para que afloje esa sensación de ahogo, de manos en la garganta, nací con doble cordón y el cuerpo tiene memoria, amigos. Una polera la soporto unas horas, nada más. Lo hablo desde el descreimiento, la desazón por los sueños de la profesión, destruida, insultada, peor aún, desangelada, poniendo los pies en una vereda rota, hecha mierda, con baldosas que al pisar expulsan suciedad. Pero no me pongo rencoroso, les juro, hay que soportarse el estoicismo de la libertad poniendo el pecho, no andar titubeando. Por eso no voy a callar cuando digan que a la militancia no se la puede discutir porque atacan a mi propia libertad de pensamiento y eso no se lo voy a permitir a nadie. Y no en aras de ponerme en compadrito, facón en mano, sino por la razón justa y sencilla de voltear los conceptos que supuestamente debemos compartir todos y pobre de aquél que digne hacer alguna pregunta incómoda o pegarle una patada a los conceptos hechos. Algunos lo hemos sufrido en carne propia, el señalamiento, el dedito en alza, el interrumpir las clases, que compañero la unión hace la fuerza, que los atropellos del rector, que esto es insostenible, que los necesitamos compañeros, que detrás de todo, los mismos veinte ocupan la asamblea que de democrática tiene lo que yo de Jude Law en Alfie. Un saludo para Jude, mucha facha, chabón. Vos ibas, aguantabas, mirabas el reloj, esperabas la votación que nunca llegaba, te ibas, porque uno tiene vida propia, porque tengo que esperar el colectivo, porque no vivo a la vuelta y ahí sí, con tu partida cansada, aflora el clan purificado que da rienda suelta a la fiesta de la democracia. Una sarta de eslóganes para no cambiar nada, porque en el fondo tampoco lo desean, les das el poder y salen corriendo desesperados por la calle, otra que la maratón de San Silvestre, quieren seguir como están, ser esa militancia burocrática que trabaja de eso: de cansar al resto que por propia acción de la naturaleza irán renovándose, muchos expulsados, algunos, los menos, recibidos,  sí, tenías razón Chiqui Legrand, entonces siempre hay tarea por desarrollar, venderte una revistita, darte volantes en blanco y negro, hacer un monopolio de las fotocopias, decir el sermón diario; es fácil reírnos de los Testigos de Jehová, golpeando puertas, esa sonrisa estándar, las chicas feas, celulíticas, muy fuleras, los chicos con traje, impolutos, cagados de calor por dentro, pensá un enero en Mataderos, por Alberdi, dos de la tarde, y ellos en la calle, diciéndose en silencio a quién vamos a convencer con este puto calor, pero ahí están sostenidos, molestan sí pero tienen la facultad del decoro, hermosa cualidad, el mundo sería más bello con decoro, cómo no. Peor es perseguir a una chica por media cuadra desde Rivadavia y Entre Ríos con revistas en manos y la chica diciendo no, no, me tengo que ir a la facultad, no, te agradezco, me tengo que ir, no llego, no, no, gracias y la insistencia, que el gobierno kirchnerista, que Macri, que el imperialismo, que Obama, todo para que la solución sea el Partido Obrero. Pero boludo la mina se tiene que ir, debe resolver cosas más importantes que escucharte, tal vez la espera un amante, novio, casado para coger, no la jodas, no limosneen migajas ideológicas, tomá un minuto de caballerosidad, no vale atormentar en esto, verlos allí en la esquina mirando cuál será la próxima víctima, y sí, te volvés atrás y agarrás otra calle o me vuelvo a mi casa, mejor, me vuelvo. Generan espanto, el “uy, éstos otra vez”, si la gente pensara eso de mí no saldría por meses del departamento de mi terapeuta. Dignidad, viejo.

Y los veo como soldaditos, pecheras en mano, y el verso de la organización, qué usamos esto para la eficacia de los procedimiento, para ayudar a los más desposeídos, el bla, bla, bla, todo un aprovechamiento político de la desgracia ajena, de los muertos ahogados, electrocutados, fríos, duros, pero siempre algún voto podemos rescatar hasta en tiempos de tragedia. Dale que va. De los machitos de turno que se plantan a la cámara como guapos, pero que bien sabemos que solitos, mano a mano, ni a regañadientes van a bancar dos minutos, tres como mucho. Nosotros esperamos, mientras, calmos, seguros, esperamos. Estamos cansados, porque hay buena fe en los chicos, forman sentido a su manera, lo expresan, serán ampulosos en los gestos, todos los fuimos, contemplan una realidad a determinada edad, que se reformulará con el tiempo pero no queremos que sean aprovechados como mano de obra barata sino como un factor de crítica y nuevos paradigmas, la juventud es eso. No berreteadas.

Esto no es una oda al individualismo, no nos corran con los noventa, por favor, estaba en la primaria, comprando caramelos y naranjú que valían diez centavos en el kiosco del Luján Porteño, mi único deseo era jugar al Sega y que se hicieran las seis de la tarde para el café con leche de mi vieja. Nada más. No fui cómplice, tengo testigos. Quizás pintamos un escenario utópico pero quisiéramos una militancia activa, que pregunte, pregunte, cuestione, que no sea un público de fútbol, porque a la política no se la banca con trapos, cantos o tatuajes porque en ese tren entra la irracionalidad, yo a San Lorenzo le puedo soportar todo, que me falle, que juegue horrible, qué se yo, tantas cosas, pero lo amo y punto, no se discute más, pero a un partido político, proyecto, lo que sea, pondría mis reparos, no iría tan míope a donar mis palmas a algo que puede transformarse en el tiempo, me cuidaría, por cuidarme las espaldas, para resguardarme en tiempo futuro de no haberme mandado ninguna cagada, porque está bueno mirar a la cara y más si tenés pibes y no deber nada, que los chicos tengan orgullo por vos es un lindo placer. Ir ciego a ningún lado maestro, se me representa el espíritu de Maradona con esa frase, “no, maestro, lástima no se le tiene a nadie”. Esto sería algo similar. Yo milito con la escritura, en leer este texto infinidad de veces, en decidir qué palabra uso y cuál no, qué recurso puedo implementar para sacudirte más la cabeza, uno milita en eso, cree fervientemente en la libertad expresiva para transformar en palabras lo que corre en cada milímetro de fibra, que me hace expulsarlo, contradictorio, progresista, conservador, variable. Nada es tan grave si se puede hablar o escribir, ¿no? En plasmar opiniones que quizás no estés de acuerdo o sí, pero nunca callándonos, yendo por más, porque queremos vivir mejor, ver a nuestro alrededor situaciones agraciadas, sueños que se cumplen y no que se arruinan en un puñado de segundos. Cada cosa que hacemos es por este noble objetivo y no esperar a que nos digiten la vida. Qué derecho tienen para hacernos este daño.

lunes, 1 de abril de 2013

1000 caracteres


Movió la cabeza con suma lentitud, sonriendo y transpirando. Martín pegado al celular había avanzado un nivel, un juego de dos tipos que manta en mano debían empujar a una chica que saltaba desde una tarima y rebotar contra manzanas, peras y bananas y así sumar puntos. Desde hace tiempo aguardaba superar el anteúltimo nivel, tiempo desperdiciado en subtes, en la línea B, colectivos, fija la vista en la pantallita, esperando a llegar a los 3000 puntos deseados. No lo conseguía hasta ese break en la oficina, en este marzo húmedo, pleno microcentro, las ventanas abiertas hasta un tope, su compañera Mariana leyendo Twitter, la oficina con papeles, biblioratos, carpetas abiertas, martes a la tarde, oficina pública, no mucho más que hacer. Mariana tiene días, a veces que se viste como una princesa, pintada, ropa piola, moderna, los labios gruesos, buenas piernas, imaginamos buen culo, otras que se pone lo primero que ve, algo paradójico arranca la semana vistiéndose bien y ya llegando al jueves y viernes decae abruptamente. Hasta llegó a venir con jogging. Será el cansancio, el trajinar de los días que le genera esto, nunca se lo preguntó. Mariana sale con un tipo casado, de buen pasar, le banca el departamento, dos ambientes, bonito, Coghlan, pero se sabe, el tipo no se va a separar, promete, promete, una generalidad pero Mariana anda por los treintipico, le afloró el instinto de maternidad, lo niega en conversaciones pero anda subiendo fotos de bebés al Facebook, las amigas se van a vivir en pareja, plaf, de golpe hijos, y todos queremos ser distintos a la mayoría, pero en el fondo somos gente de comunidad y necesitamos las mismas características, hablar de idénticos problemas boludos. A Martín le pasó lo mismo, por eso la comprende aunque la relación con Laura ya no es la misma, nunca fue la gran cosa, después de cinco años menos. Disfruta como nunca cuando se duerme y puede engancharse con alguna peli en el cable. El otro día vio “El luchador” con Micky Rourke y se quedó hasta las tres de la mañana. Ama el cine, su única válvula de escape en su vida, además de su hija. No para de ver “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, la tiene en DVD, siempre en un tiempo libre la ve, al menos un rato, hasta se ha masturbado pensando en Kate Winslet, pintada de azul, qué importa. Es su fetiche esa película. Le gusta Mariana, su vestir racional e inexplicable, su olor a café, sus manos, tal vez el encierro de ocho horas en esa oficina, tal vez la idea de imaginarse otra vida, otra mina acostada en su cama, pero también por dentro piensa que Mariana es un quilombo caminando, que él está casado, ella cómoda con la guita del casado pero sí, Martín, un polvo, algo distinto. Desterró el sueño del yate rodeado de putas, el recibo a fin de meses lo volvía a la realidad. Lo que sí es que había algo que unía a Martín con Mariana, eran dos bombas a punto de explotar, volcanes ahí de la erupción, cada uno con distintos motivos pero un mismo fin. Mariana no aflojaba con Twitter, Martín se había hecho una cuenta, no le interesaban las redes sociales, pero de vez en cuando revisaba su cuenta para saber que ponía, links de música, chistes internos con otras amigas, y muchas fotos de bebé, y respuestas con corazones, hermoso, divino, potro, potra, mi vida, mi amor, y todo eso que le suelen poner a los bebés por más que ellos no sepan leerlo. Martín admite para dentro que la paternidad no le trajo mayor clemencia a esos dichos pero también entendió que la crianza no es tan fácil y que cada uno la lleva como puede. Es un retrato de la vida. Ya superado el nivel, volvió a la pantalla principal del celular, la alegría que lo embargaba no debía decantarse con una desilusión al ingresar en el último y nuevo nivel. La felicidad hay que disfrutarla, darle su tiempo a que madure. Mariana seguía en el Twitter, en el escritorio fotos de vacaciones, Brasil, Córdoba, las mismas amigas, algunas más jóvenes, otras más cercanas. Al costado los restos de ravioles con pollo en ese plato de plástico más una botellita de agua saborizada. De golpe, Mariana alejó su mirada de la pantalla y lo miró:

-          ¿Qué me mirás nene?
-          No, nada, no parás con el Twitter, vos
-          Y sí, si no pasa nada acá y están a full con un hashtag de mejores insultos, no paro de leerlo.
-          ¿Qué es hashtag?
-          No entendés nada, Marti.

Lo llamaba siempre así, Marti, la oficina de ellos dos, esos cubículos, la del jefe, ahora de vacaciones, más atrás. Mariana siguió con Twitter. Martín decidió estirar las piernas en otra silla y reclinar la cabeza, no tratar de pensar tanto la rutina, que en un rato tenía que pasar a buscar a Lu al jardín, de volver a casa, de volver a lo mismo. Volvió a soñar con la lancha, el yate, las putas, pensarla a Mariana dentro del grupo, verla en bikini, en cuatro, confirmar si tenía el buen culo que pensaba, mientras la otra seguía twitteando. Esa sensación de mitad de camino, sin fortaleza para cambiar el rumbo, ni ganas de llegar a nuevos destinos, tampoco de retornar con fuerza al inicio. Esos pequeños espacios temporales hacían surgir en Martín este tipo de reflexiones, casi siempre la realidad lo volvía a foja cero, a volver a pensar lo mismo y así sucesivamente, sin más respuestas. Lo difícil de moverse desde una falsa comodidad, un instinto de conservación irreal, anodino. Serán mesetas eternas, estar en la mitad de la u, nunca llegar más alto. Salió de la oficina, avisó a Laura que estaba metidísimo de trabajo, que vaya a buscar a la nena, que iba a llegar más tarde. Se fue con Mariana a un bar de la calle Reconquista. Por primera vez le hizo caso a los consejos mentales. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Higuaín, la bestia gol

Higuaín buscando espacios. "Su" clave.

Gonzalo Higuaín no es un delantero para la televisión. En las medidas de la llamada “caja boba”, no se puede vislumbrar en totalidad el abecé sobre materia ofensiva que carga sobre las espaldas el del Real Madrid. Un futbolista con comprensión del juego como si fuese un estratega pero armas a tomar desde el centro del área. Higuaín busca incesantemente entre las líneas defensivas, un artillero sigiloso que pone quinta velocidad cuando el propio avanza con pelota dominada. Pensemos en el primer gol de Argentina ante Venezuela, Montillo, Messi, tac, pase diametral e Higuaín con postura, cuerpo y mente ya para definir. Una frecuencia de segundos, un espacio que se abre y la pelota que va a sus pies. Lo marcamos en una situación exitosa como lo es el gol, también el tercero, pese al offside, habla del olfato, de la mirada cómplice con el astro rosarino (17 goles entre los dos), corre el balón y el imán es su pie derecho. Va al límite, a la par de la línea defensiva y arremete con astucia, no cansa de ejecutar los movimientos, eso sí que desgasta tobillos rivales. Siembra, luego cosecha, el plan metódico de Higuaín, que rebasa de rendimiento y cifras (goleador de Eliminatorias con 9), no tan fulgurante en su estadía por Madrid en términos de titularidad. Pero, pese a refuerzos y más refuerzos que llegaron a la Casa Blanca, la camiseta bordada con el apellido Higuaín siempre aparece colgada en el vestuario. Méritos sí los hay.

La comprensión que desarrolla en el campo de juego no sólo se reduce a los últimos metros, su hábitat. Su referencia de centro no hace simplificar sus vínculos con trincheras contrarias. Higuaín, pillo, sabe salir del eje de conflicto, abre abanicos desde los costados, pases cortos que hacen llevar a rivales al ritmo propuesto por él. Desaparece, parece mimetizarse con el césped pero es sólo una postura, ya avanza en la concreción del objetivo: la red contraria. Pensamos en Hernán Crespo, un atacante fabuloso que solía entender que la apertura defensiva sólo se lleva a cabo si extendemos el dominio desde los andariveles. Higuaín anda con el manual de Crespo sobre la axila, pero intrépido se robó varias páginas de un tal Gabriel Batistuta. Ítem uno, potencia. El segundo gol a Chile hizo acordarnos a las proezas del de Reconquista en sus aventuras italianas y vestido de celeste y blanco. Higuaín es mixtura, serenidad y combustión, potencia de piernas pero no a lo bruto, las regula, sabe cuándo exigir, cuándo no. Ahí subrayó varias oraciones de la carrera de Batistuta.

Lógicamente rodearse de intérpretes de la magnitud de Messi, Ronaldo, Di María, Agüero, Ozil, Modric, Xabi Alonso, facilitan la tarea, la pureza del traslado, la puntillosidad en la asfixia de los metros, lo convierten en más letal todavía. Ajenos, tan extraños, ésos tiempos iniciales en River, de algunos murmullos; su crecimiento exponencial, un delantero full time, que ni se relaja cuando los otros tienen la humilde esperanza que sí, que esté descansando. Falla la premisa. Higuaín habla el presente con palabras contundentes, de un plumazo, en aquella tragedia griega que fue Argentina 2 – Perú 1, Palermo, Maradona tirándose de panza al agua, un Messi tímido, lluvia, lluvia y más lluvia, debutaba en la selección nacional. Y cualquier discusión sobre quién debería llevar los trapos que bancaron años y años Batistuta y Crespo ya no tuvo sentido. Higuaín, diploma en mano, quiere seguir estudiando cómo derribar defensas. Con Brasil 2014 en la esquina, esto se transforma en una obsesión de la que sueñan millones de argentinos.


sábado, 23 de marzo de 2013

5 claves de Argentina 3 - Venezuela 0


martes, 12 de marzo de 2013

Ganas

La pregunta es cómo despegarse, cómo sacarse de encima el plástico incorporado a cada parte del cuerpo, brazos, piernas, muslos, la cabeza, el plástico apretando cada vez más a los poros, cortando la circulación, los conductos sanguíneos, tapando los orificios de la nariz, llegar al final del destino a la descomposición del cuerpo, agotado, tan martirizado. Una estructura que sufre, que decanta una vida maltrecha, anodina, insípida. No pienso en mí sin en el pasado que entristece. Una fotografía con formas antiguas, borroneada, amarillenta, que fue feliz pero ahora se torna aciaga e insulsa, con un dejo de tristeza. En los errores, las malformaciones mentales que le suceden a otros, que se desintegran, que se hacen trizas a ellos mismos tornando de un olor hediondo los pasos de cangrejo que dan. Pienso un poco, trato, aunque me cueste, de restarle dramatismo, uno tiene que despersonalizarse de otros, uno debe, hasta en el mismo dolor, poder ver la caída del otro, el ocaso, la declinación de lo que fueron. Nacimiento, desarrollo y deceso, algo tan de la naturaleza que no puedo naturalizar. Estos procesos emergen cuando alguien está pronto a morirse, en la degeneración del todo convertido en ese cúmulo de huesos pútridos, infectos. ¿Cómo dejó de ser aquello para transformarse en esto? Sitúo las palabras acerca de las peripecias del morir, pero también hay otros casos que no están tan muertos, no tienen enfermedades terminales, al contrario, los exámenes médicos le dieron muy bien, y andan por los caminos no encontrándose ni en la respiración. Son muertos aunque les funcione el corazón. La terapeuta fue clara, “Juan, forma parte de los seres humanos, hacete la idea”. Me hago la idea, intento, avanzo en lo que puedo, pateo mis propias contradicciones, golpeo puertas equivocadas, no entiendo ni encuentro el porqué del accionar humano, tan inverosímil a veces. Camino la costanera, me cierro la campera, respiro, veo cierto remolino de arena a mi derecha, recuerdo palabras que no me brindan solución, necesito tomarme una cerveza, acariciarme la garganta con algo fresco, que me renueve, que haga duplicarme, y con ese nuevo yo huir lejos, muy lejos de componentes que nos quiten potencia, no puedo dar esa ventaja. En la vida hay luces que cada día se encienden, que nos vuelcan de amor con su sola presencia, no es de manual de autoayuda, es aprender a valorar lo poco o mucho que nos rodea, el exterior nos manifiesta qué y quiénes somos, si estás rodeado de mierda, algo habrás hecho, mi amor, algo habrás hecho, y no es excusa clase media de los setenta, es realidad visible, palpable. Lo vemos todos. Y yo ni ganas de decírtelo. 

martes, 19 de febrero de 2013

Líneas blancas



Avanzar en la ruta, el camino despejado, el viento que recorre cada parte de la boca, nariz, orejas, el pelo inmanejable, que va y vuelve, que se renueva, agiganta y achica, la mirada perdida en un desierto homogéneo, trasladándose a idéntica velocidad y brinda siempre la misma imagen. La mano sobre el soporte de la ventanilla, los ojos cerrándose, casi dormitando. Recuerdo hace varios años la sensación de placer que me generaba la ruta oscura y las luces a varios kilómetros, ese proceso de ir acercándose, descubrir la proximidad de un pueblo, contemplar los focos y todo lo que representaba: un pueblo, varias historias, sus héroes, muertos, miserias, grandezas, vivencias, ese segmento alejado de la humanidad, pueblo, pampa, pueblo, pampa. Las casas perdidas en las rutas, inhóspitas, cercenadas ante tanta inmensidad, ellas solas, preguntarse si habría gente viviendo ahí, cómo se podría vivir así, sin un hospital o negocios cerca, ¿agua potable?, televisión por cable, Internet, wifi, todas preguntas de porteño medio ignorante que piensa sólo en su propio ombligo. Uno cambia con el tiempo, deja de ser correntada verbal, física o sexual, se torna más selectivo, no conservador, aclaro, sino que sabe lo que le gusta y lo que no, culminó el período experimental. Me acuerdo en la Costa cuando llegaba a Miramar, pasar por Mar del Plata, el olor del puerto, Chapadmalal, a la izquierda el mar, la ruta, las luces de Miramar, la ciudad de los niños, nunca entendí tampoco la razón de ese apropiamiento, acaso les preguntaron a los niños si esa ciudad era la que adoptaban como propia. Esto, tan argentino. El viajar es un período iniciático, una búsqueda a lo desconocido, lógico saliendo de la General Paz para el exterior, cuando las formas tienen sentido efectivo, donde prevalece un aire distinto, más fuerte, menos caótico. No sé si más fidedigno, tal vez sin tanta contaminación en las fibras,  algo más austero. ¿Lo auténtico tiene que ver con lo austero? me pregunté varias veces y nunca tuve una respuesta firme al respecto. El camino brinda sensación de libertad, de angostes, de una mirada que no se acorrala, al contrario, multiplica las retinas y los sentidos. El olor a pasto, el silencio absoluto perturbado por el motor, después el mp3 que revienta con Clash, Ramones, Wailers, que llena de cadencia cada partícula, el bolso, tu ropa, uno se lleva consigo mismo en un viaje, la compañía ocasional, todo forma parte del inventario.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Mi casa




Me acuerdo del palier extenso, los cuadros al óleo, las paredes altas, el techo más todavía, bien profundo con cierta humedad inalcanzable, el espejo arriba de la mesita, el alcohol, el ventilador de pie, también las cortinas blancas que iban y venían en las puertas un poco percudidas por el polvo que corría aquél junio, un mes de desasosiego para nosotros, en un recuerdo que desaparecía y de golpe volvía a imponer su presencia, una forma en que tornaba a solidificarse. El piso que crujía con cada paso, sean pies grandes o chicos, sean 45 o 37 de una dama, un parquet venido a menos de un marrón claro, y el crujir, de eso sí me acuerdo, la posibilidad que te da vivir un tiempo y saber que las cosas terminan envejeciendo, en forma inexorable, lo que ayer fue vitalidad y pureza hoy se convierte en lúgubre y repulsivo. Las cosas, las personas, lo mismo, cuál es la diferencia.

Las ventanas tapadas, implacables para que no llegue la respiración de afuera, ese olor a encierro, nauseabundo, a un aire que decidió quedarse en ese espacio y no moverse, agrietarse sin dejar de soltarse a las partículas del sillón naranja, el colchón finito, partes del placard, las sábanas revueltas, vender y vender cosas, fragmentos sueltos, polvo, suciedad, cucarachas, la no luz, la oscuridad, el fin de todo. La familia desagradecida, los llamados sin atender, la desidia, el olvido, el rencor acumulado que no se va, que no se transforma, que aún peor, sigue quedando como un combustible podrido. Pienso en una obra de teatro, el telón, las luces, lo estruendoso, lo dramático, lo gracioso, pero después el telón se cierra, las luces se apagan, lo estruendo, lo dramático, lo gracioso, pasa a transformarse en un silencio eterno e insoportable. Recorro mentalmente cada sitio, cada partecita de nosotros, un lugar multiplicado en miles, un origen, una identificación, algo que nos representa. En el fondo, en la obsesión por el vértigo, los cambios, el vivir, debe haber una sombra que nos haga reconocer al que fuimos, un recordatorio o algo así. Y no con una melancolía berreta, insulsa, que nos perfora en la falacia que el pasado fue mejor como una melodía de tango sombría sino buscar partes del rompecabezas del pasado en que uno fue, no sé con qué propósito o objetivo, pero indagar, hallar, hurgar, en eso encontraremos respuestas. Los hombres siempre necesitamos respuestas. Antes, ahora, mañana.

Estoy a cincuenta metros de volver a la casa de mi infancia. Mi casa. Nuestra casa. Quedé como único testigo, la naturaleza fue sabia y supo entender qué era esto del trasvasamiento, las cosas tenían que ser así, los muertos como marca la cronología, hay que ser agradecido. Camino cada baldosa, uniforme unas, indistintas otras, camino la misma tierra que atravesaron las rueditas de mi bicicleta, esa azul, apoyando las patitas con toda velocidad y más y más fuerza, el viento en la cara, abrir la boca y sacar bocanadas de humo, esos meses de junio que no son mis meses de junio, que fueron otros a pesar de seguir teniendo 30 días, que siguen estando en el mismo nudillo cada vez que con la mano hacemos diferenciar los meses que tienen 30 y los de 31, ése mes que viró su carácter, su naturaleza, su ser, al menos para mí. Sigo, relojeo el exterior, ni mejor ni peor, tampoco cambiado, tampoco igual, no sé qué término podría cuajar con la descripción, no es un sinónimo, no es un adjetivo, quizás no haya concepto, quizás en el fondo no quiera buscarlo porque sé que me va a doler. La tengo enfrente, cierro los ojos por uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho segundos, abro y decido no ver, una fuerza interna me imposibilita que la retina funcione, ya  es momento de no concentrarse en nada, sólo dar vuelta la cabeza y enfilar a la dirección contraria, entender que quizás sólo llegue a ese momento de fortaleza, que más no puede, que en otro tiempo será distinto. O no.

lunes, 11 de febrero de 2013

Vivir respetando al otro; una utopía argentina


“La democracia sería una palabra muy pobre si no fuera definida por los campos de batalla en los que tantos hombres y mujeres combatieron por ella. Si necesitamos una definición fuerte de la democracia, es en parte porque hay que oponerla a aquellos que, en nombre de las luchas democráticas antiguas, se constituyeron y siguen constituyéndose en los servidores del absolutismo y la intolerancia”.
Alain Touraine

La intolerancia forma parte del cosmos en que está inmersa la Argentina. Oímos aquí y allá, leemos en un diario oficialista, en uno diario opositor, lo sentimos en la calle, en cada cuadra, en un bar comiendo una milanesa mirando TN en mute, en un auto que se detiene dos segundos más cuando el semáforo está en verde y las bocinas estallan al compás de un fragor verbal que implica ante todo la disminución del otro como ser, en las discusiones sucedidas en el transporte público, que te colaste, que vos, que yo, que el chofer insulta, miradas odiosas, en la irritabilidad como espejo de todos. En el manual del intolerante, la primera página afirma que el prójimo es un idiota con nula capacidad como dador, una piedra que hay que sacar del camino bajo cualquier método, incluida la violencia. Vos sos una afrenta a mi inteligencia, sos demasiado poco. Violencia e intolerancia se abrazan en este sendero y juran no volver a separarse. Tal vez a imagen y semejanza del porteño que soy, generalice particularidades de una ciudad en combustión como Buenos Aires y la realidad en otros puntos del país, conociéndola bien y no de oído, sea bastante diferente a lo que palpitamos acá en la jungla, en el cemento, en la construcción de torres en Caballito, en el día a día. Tiene todo su derecho a decirme, pibe, dejá de pensar que son el ombligo del país. Nos lo hacen creer, diré. Quizás tenga razón.



Algunos sostienen que la atmósfera generada por este gobierno trae intolerancia como respuesta, y sin repetir ni soplar, diremos “crispación”, “condena social”, “gorilas”, “viven del Plan”, “vendepatria”, “cipayos”, pedimos disculpas si nos olvidamos de algunos términos, el discurso se enmaraña en este tipo de conceptos didácticos, sencillos de comprender, pero que, por su naturaleza simplona, tampoco resuelven y se convierten en comidilla de tacheros, comerciantes, una charla de 5 minutos y ya está, nos sacamos de encima la responsabilidad ciudadana, los políticos son unos hijos de puta y nosotros, pobres víctimas. La simplificación avanza en los asuntos públicos y todos queremos tener la respuesta perfecta, que no nos demore mucho el pensamiento y que resuelva el enigma, y si puede ser con menos de 140 caracteres y qué mejor que nos conteste una minita, maybe levantamos algo.



No negaremos que en los gérmenes de la intolerancia hay varios actores que otorgaron su granito de arena: políticos, sociales, comunicacionales y los sujetos a pie, sería una zoncera contemplarlo de un modo piramidal, epidémico, Cristina y sus allegados son intolerantes, por ende todos nos convertimos a  imagen y semejanza en lo mismo, un razonamiento infantil, erróneo, lavarnos la culpa para enrostrárselo a otro. La postura ética de abrir el diálogo es un juego mediático, sólo eso, el aparentar un liderazgo desde el criterio de la consonancia, sabiendo que es puro maquillaje. Para menguar los errores hablamos de condena social, hacemos pucherito, unas disculpas por aquí, otras por allá. El mensaje a la sociedad se torna difuso, los medios, unos y otros, borronean aún más la imagen, a esto le sumamos la frustración del ciudadano, con sus mambos, problemas de guita, que no llegamos a fin de mes.  Es todo y a la vez nada. Y puteamos a quien venga, si está con la familia mala suerte, decimos que la otra es una hija de puta, y bueno, no, no, se me fue la mano, y nos dormimos en el colectivo si hay una embarazada, anciana, lo que sea, la intolerancia tiene muchas facetas y nos involucra de lleno a cada pieza de este tablero de ajedrez. En esto, hacernos creer que no formamos parte, nos vuelve más cómplices.

domingo, 3 de febrero de 2013

Julio Grondona: ¿un adiós con fecha de vencimiento?




El 2013 apenas está dando sus primeros pasos pero ya dejó una de las noticias más importantes del año: Julio Grondona ratificó en declaraciones radiales que desempeñará su mandato como presidente de AFA hasta 2015 y no lo renovará,  resignando el sillón que ostenta desde 1979. Las razones para esta decisión, de tenor histórico, residen en diversos frentes: uno, el principal, el cansancio propio para una persona de 81 años, empresario en varias actividades y con un cargo de relieve en FIFA, vicepresidente, ¿qué pasará con ese cargo?, con todos los avatares que trae la gestión en el día a día, los problemas estructurales que posee el fútbol argentino, uno en materia financiera y el restante sobre el tema de la seguridad y las barra bravas, sin resolución durante las más de tres décadas y media que cumplirá al frente de AFA, ésos enormes flagelos que nunca supo cómo remediarlos, o no quiso, vaya uno a saber, las definiciones las tendrá cada vez que se acueste con la almohada.

En este cansancio, cronológico, el tiempo transcurre para todos, sin excepción, también se encuentra el lado personal con los fallecimientos de su hermano Héctor y su esposa, acaecidos en 2012, golpes certeros en lo anímico que hasta hicieron que se saque de su mano el tan famoso anillo con la inscripción “Todo pasa”. Una muestra de agotamiento, sin dudas. Como escenografía de tiempos turbulentos en la calle Viamonte, apareció una denuncia periodística que lo involucraría en una supuesta compra por parte de Qatar para obtener la cita mundialista a desarrollarse en 2022, involucrando a la FIFA, según una denuncia propinada por la revista France Football.

Esto, amén de fracasos mayúsculos durante los últimos años tanto en selecciones juveniles, recordar el papelón este enero con la Sub 20 en Mendoza, con una fuerte injerencia de su hijo,  Humbertito, y también del seleccionado nacional, con Basile, Maradona y Batista, hasta la llegada de Alejandro Sabella, quien basándonos en los resultados de las Eliminatorias para Brasil 2014 ha otorgado la templanza y tranquilidad que requiere el combinado argentino. Pero la socavación de su imagen prosigue. Quienes conocen a Grondona  dicen que lo notan abatido y saturado, un dominio tan personalista de la presidencia, como el que dispuso y sigue disponiendo, trae este tipo de consecuencias. Desde el 1979, el fútbol argentino no comprendió otro apellido que no sea Grondona, un animal político que supo reubicarse ante cada modificación en el humor popular, dispuesto ante el poder de turno, político y económico, y haciendo jugadas arriesgadas, caso Fútbol para Todos, con el rompimiento unilateral del vínculo de televisión con el Grupo Clarín, quizás su última jugada maestra, alinearse con el gobierno de CFK, aumentar las ganancias y volver a reinventarse como un personaje indescifrable, ambivalente, amado y odiado, sin medias tintas.

Grondona no dejará así porque sí el poder, entendió que temprano o tarde, en él, nos aferramos al segundo caso, tiende a desmenuzarse, quebrarse, que ya no imponía el respeto que otrora obtenía, de voces calladas y manos levantadas, que la reformulación forma parte de la genética del ser humano. Las nuevas camadas estarán vigiladas, el principal candidato, Alejandro Marón, presidente de Lanús, 44 años, cercano a Grondona, podría convertirse en el delfín político de Don Julio, cuenta con gestión positiva en uno de los clubes más serios del país y desde la calle Viamonte admiten que cuenta con el perfil ideal, una oxigenación imperiosa en el devenir de la próxima AFA sin Grondona, seguramente no en el sillón pero atento a cada movimiento que se dé, su poder no se licuarán de un día al otro, es cierto, será un error hacer futurología a más de dos años por delante, pero todo tiende a que su presencia no se borrará así porque sí de un plumazo. Sería desconocer a Julio Grondona. Germán Lerche (Colón), Mario Contreras (Godoy Cruz), Humbertito Grondona (la familia estaría en contra), Juan Sebastián Verón, director deportivo de Estudiantes de La Plata y hasta Marcelo Tinelli, vicepresidente 1º de San Lorenzo, éstos dos últimos con remotas posibilidades pero también del gusto de Don Julio van en la carrera atrás del actual presidente de Lanús.

2015. La fecha tope del adiós de Julio Grondona. Al menos en los papeles. Habrá que ver si su sombra sigue rondando en la calle Viamonte. 

lunes, 21 de enero de 2013

Escribir


Escribir sobre la plata es raro, supongo, porque escribiendo, salvo algunas excepciones, no se hace plata, servirá para descargar las miserias propias, anestesiar con destino incierto ciertos dramas volátiles propios de la existencia, darse un aire más intelectual, decir, mirá yo escribí esto, aquello, todo en busca del levante, en saciar las inclemencias de la carne, al menos por un ratito, atento, si tuviéramos más guita la carne sería mejor, más fresca, más puesta todo en su lugar, no nos hagamos los sotas. Lo que sí olvidate de engordar la cuenta del banco, no, pibe, piba, te equivocaste de vocación, empezá el CBC en Económicas o Abogacía, yo te cargo la SUBE para empezar y te presto de yapa los textos de Sociedad y Estado que compré en EUDEBA hace diez años. 

Pero nos preguntamos qué tiene el escribir que nos gusta tanto, que nos ocupa tanto espacio, que nos dicen en el laburo, che hay horas extras, más guita, y decimos no, no, no, no queremos más estar acá, sólo pensamos en llegar a casa y dar rienda al teclado, que suene una y otra vez, la descarga, una vez más, del odio irracional que nos ocasiona el ver la cotidianeidad, que es odio pero materia fértil para que caminando por la calle afloren palabras, recordarlas, unirlas en oraciones, sacar temas, esa implosión interna que exige un cartelito verde que diga salida con un tipito blanco haciéndose el runner. Un amor al odio, pienso en un rapto de estupidez poética, mil perdones, juro no repetirlo. Y ojalá que podamos laburar menos tiempo, si no se escribe, todo resulta absurdo, sin escribir, ¿cómo me saco la frustración que llevo conmigo? La ausencia de felicidad es la frutilla del postre para cualquiera que desee escribir, podremos discutir sobre estilos, formas, vocabularios, potencia, si escribe bien o mal, pero sin frustración pibe o piba, no podés culminar ni media carilla. Una linda vida no le interesa a nadie.

¿Somos frustrados porque nos falta ambición? No lo sé. Escribo esta pregunta y tengo miedo de apoderarme del cuerpo de mi terapeuta, que me mira, que es una pregunta tan de ella, y sí, puede ser que seamos unos frustrados, odiosos, que nos rompa soberanamente las pelotas que a otros les vaya bien con un estilo de vida que no toleramos, para peor cogiéndose a las mejores minas, tetonas, bien culonas, que en estos momentos deben explotar en la playa, bien de publicidad de cerveza, pero de vuelta maquinamos y decimos, cogerse a las mejores minas implica una exigencia constante, mucha guita, cambiar el auto cada año, el celular cada 6 meses, propiedades, y todo en una fila que con el paso de los años debe, en términos de obligación, seguir ascendiendo. No hay con qué darle, y tampoco nos gusta demasiado la guita. O seremos putos, qué se yo. No descarto ninguna hipótesis. 

Lo ideal, pienso mirando desde esta hemorragia arquitectónica que es el barrio de Balvanera, es bancar la parada con un laburo que soporte las estructuras, porque las necesitamos, porque las queremos, porque no me voy a ir a un monte a hacer la revolución viviendo de la agricultura y ya me estoy poniendo grandecito y con achaques para militar en el PO, que podamos encontrar tiempo, y allí sí, uso un término bien burgués, bien capitalista: maximizar. Quiero ser más claro, para qué necesidad más plata cuando tenemos lo básico resuelto. El objetivo reside a partir de ahora en poder laburar mucho menos manteniendo lo básico, una planificación aceitada que el hombre debería tener como puntal, ya sé a veces no se puede, pero hay que intentarlo, pisar alguna cabeza, no lo sé, ése fin permite que vayamos por todo y todos. Para tener tiempo, para respirar, para tirarse en una reposera, rascarse las bolas, leer cualquier libro, anotar ideas en papelitos, robar frases, ver cómo funcionan los diálogos, autoconstruirse con partes de uno que, por ratitos, lo convierten en un ser luminoso, quince minutos al menos. Estas ejecuciones corporales y mentales requieren claridad en los pensamientos, por eso refuerzo la idea de disminuir las horas laborales, carcomidas por la mediocridad y la repetición, sacadores de inteligencia, los contextos así, la mayoría en el contexto laboral hacen perder intelecto, y así andamos todos, medios zombies, sin sensibilidad, una carcasa inútil, deleznable, que me provoca arcadas algunas veces que me miro al espejo.

martes, 8 de enero de 2013

Bonito Cuelgue - Programa 13

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