sábado, 9 de junio de 2012

2 horas después


Porque no te vas a la puta que te parió. Eso quedó de anoche, la cadencia de cada palabra, saboreada por tus labios, reforzando en forma escalonada cada concepto. De menor a mayor hasta llegar a parió, cuando los labios se te arquean, así, invisibles. Ya te escuché putear así alguna vez, las facciones se te encierran, los ojos abren de golpe, movés y movés tu dedo índice sobre lapalma de la mano y zas, llega el insulto que socava los poros y enfila, cada letrita, al destino que vos querés. Y me mirás en azul. Dije socava, busco los sinónimos y encuentro mina, carcome, draga o desmejora. Mejor, socava, me suena a subte, a la línea E, la estación Belgrano y ese ventilador sucio, con esas paletas mugrientas que no dejan de hacer ruido, que nunca paran de funcionar una y otra vez, que me suenan a profundidad, a vos, sí vos. De anoche, eso.

Una noche mal parida, que todo sale para atrás, yo llegué tarde como siempre, vos el mismo rostro, imperturbable al verme llegar, el sí, perdoname, me colgué, siempre lo mismo, la falta de respeto, los dilemas éticos y morales del ser impuntual, lo valioso del tiempo y toda esa jerga asquerosa y estúpida que no nos interesa a los dos. Pero nunca aflojaremos en el campo de batalla, ésa es nuestra clave. Somos una batalla medieval, en pueblos perdidos, insignificantes, donde los soldados sin la delicadeza de otros colegas más famosos, se juegan la vida con un fin difuso, extraño, medio taimado, pero con una necesidad de desenvainar la espada, de cagarte a sablazos por hijo de puta. Ése odio enajenado, que algo guarda de amor, eso, tan nuestro, que nos identifica. Vos sabés que llegaré tarde a todos lados, es mi represalia por las veces que de pendejo, me pasé horas y horas cada enero o febrero en Retiro antes de subirme a esos micros semicama para irme a la Costa. Mis viejos siempre tenían esa puta manía, llegar faltando dos horas, hora y media, una enormidad de tiempo, la desesperación de esas agujas inmóviles, quietas a la mirada y la mina que hablaba, 16 horas, Cóndor La Estrella con destino a Clorinda, 16.15, Plusmar con destino a Necochea, y nunca decía Miramar, nunca, te juro. ¿Sabés lo desesperante que es?

Torcida la noche. Cigarrillo va, viene, la cerveza fría, pero no tan fría, los planetas no alineados, no hay tema, no hay nada. Las ganas de salir corriendo, encontrar un taxi que llegue a la vista, estirar el brazo cual diva hollywoodense, y salir, salir, aunque sean 100 metros, ver otra geografía, no verte con esa cara, tan publicidad de tránsito lento. De preguntarse: ¿por qué? Quizás si nos veíamos dos horas después terminábamos en cualquier telo, pero no, nos vimos envueltos en esta olla a presión, en este bar de cuarta, con cincuentones apretando, arrugándose la cara, como que se prometen algo, indescifrable, pero una promesa, algo para cumplir; los mozos erguidos, mirando de manera sutil si cuando se levantan de una mesa queda algo de propina; los pósters en la pared, con aire por dentro, en esa cinta scotch desvencijada; vos y yo. Vos tan vos, yo tan vos. Ojalá que esta noche pueda recuperarse, abstraerla, extraer las imágenes y hacerlas levitar con destino desconocido. No como represión, atragantándose los momentos, al contrario, que desaparezcan, que nunca hayamos sentido las patitas en el suelo esa noche. Que ese encuentro sucedió, dos horas después, y no acordarnos de nada.

Buscar en Doble 5

Cargando...
Colaboraciones