martes, 13 de septiembre de 2011

Una más y no jodemos más

¿Cómo escribir algo sobre la Generación Dorada que resulte novedoso? Una tarea casi imposible. Tanto concepto derrochado por casi una década dejan a cualquier cronista absorto de emprender una tarea lingüística innovadora. Han pasado algunos días desde que ya tenemos los pasajes a Londres y nos seguimos indagando por más ingredientes en una receta colectiva que no para de dejar en lo más alto al básquet argentino en la escena mundial. Una camada de jugadores sencillamente espectaculares, tanto del plano profesional en sí como en lo emotivo, en guardar dentro suyo ese espíritu amateur que los forjó cuando eran chicos, no multimillonarios como lo son ahora luego de años de trabajo tanto en Europa como en la NBA.

Además, lo más enaltecedor y complejo de comprender, en un contexto donde el ego demencial forma parte de cualquier plantel es que son amigos. Emanuel Ginóbili lo explicaba en una entrevista que le brindó a Adrián Paenza por el canal Encuentro. El bahiense remarcaba haber jugador en el mejor equipo de Europa (Kinder Bolonia) y NBA (San Antonio Spurs) pero que jamás encontró una fidelidad de grupo como el actual plantel dirigido por Julio Lamas y antes por Sergio Hernández y Rubén Magnano.

9 partidos en 12 días, un equipo veterano, con mil batallas encima, que se la bancó como nadie ante rivales potencialmente mejores en el futuro, tales como Brasil, Dominicana y Puerto Rico. Hubo que bancarse con dignidad el trajinar de nuevas camadas y sacando chapa, algo que este plantel sabe y mucho. Luego de Londres 2012, fecha tope para algunos integrantes de la Generación Dorada, Argentina deberá lidiar con un proceso de renovación que esperemos sea fructífero, apuntalado por algunos caso Scola, Nocioni y Delfino, quienes podrían permanecer un rato más en el combinado nacional, más allá de la cita olímpica en Inglaterra. Tal vez se podría ejemplificar lo acaecido con el vóley masculino, donde por un par de años hubo resultados adversos, consolidando jóvenes, quienes luego la rompieron en la última Liga Mundial saliendo cuartos. Tiempo al tiempo.

Mar del Plata fue feliz más que nunca. La estela que dejaron estos jugadores, varios en el pedestal de lo más importante que dio el deporte argentino, nos impregnó a todos, la felicidad mancomunada por el objetivo cumplido, sabiendo que esta Generación será irrepetible. Será cuestión de sentarse y disfrutar el acto final: Londres 2012.

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1 comentarios:

Gabo dijo...

Hay que disfrutar de la Generación Dorada, porque el año que viene será su despedida, después será todo mucho más complicado.

http://blaugranatv.blogspot.com

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