sábado, 4 de febrero de 2012

El ocaso de la WTA; una ilusión argentina

La irrupción de Paula Ormaechea (19), incipiente, con varios enigmas por resolver, cuestiones que tendrán su definición con el correr del tiempo, abre un panorama relativamente favorable en lo que concierne al tenis femenino en Argentina. La raqueta número 1 del país tiene nombre y apellido, se sabe y es Gisela Dulko, aunque la presencia de otra representante que pueda ir rindiendo de forma ascendente otorgaría un halo de esperanza en la recuperación del tenis femenino, herido de gravedad tras el retiro de la última gran estrella, hablamos de Gabriela Sabatini, retirada desde hace más de 15 años.

La crisis de la rama femenina no sólo debe acentuarse en el caso argentino sino que presenta un panorama mucho más complejo y global, donde el gran dinero, ya sea de torneos mediante la publicidad, televisión, entre otras cosas se reparte de manera casi unidireccional a lo masculino. El trinomio Djokovic, Nadal y Federer, marketing a flor de piel supera ampliamente a la WTA, con innumerables modificaciones en el número 1, ahora con la bielorrusa Victoria Azarenka al tope pero sin la eficacia mediática que supo gozar en las épocas de Graf, la mencionada Sabatini, Mónica Seles y quizás el último estandarte, la suiza Martina Hingis. Están Serena, Sharapova, Wozniacki, compiten, tienen su espacio, pero los flashes apuntan hacia otro lado.

Retomando las vivencias locales, Ormaechea, flamante 139 del ranking, con apenas 19 años, la nacida en Sunchales presentó algunas pequeñas actuaciones de nivel (el corto pero positivo Abierto de Australia) para convertirse en la nueva carta del naipe, a una jugadora para seguir detenidamente y observar sus próximos pasos que confirmaran o no esta premisa.



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