viernes, 17 de agosto de 2012

Levedad

Hay gente que da todo a cambio de nada. Mar de Ajó ha cambiado, quedan retazos, estructuras, un poco de aire y no mucho más de aquellas fotos de la infancia. En la arena, amplia, acomodo los puchos en el bolsillo de adelante del jean, el cielo oscuro, estrellado, nosotros tirados, pasa el fernet, la lengua se afloja, nos vamos soltando, Mica se me tira de costado, me pega un beso de lleno en el cachete, siento la separación de sus labios tras el impacto, la veo de costado, estrenando su pelo corto, enérgica, con esa vocación de felicidad en los ojos, sonriente, nos miramos y volvemos a reír. Ella ya forma parte de mí, lo supe en esa tarde nublada, yo cansado de la facultad, de la rutina, de viajar como el orto, del trabajo de mierda, ya agotado, le dije de mi deseo de irme a Mercedes, de intentar algo nuevo, le hablé de Matías, mi primo, que se estaba llenando de guita con ese campito que había heredado, que me había llamado, que quería que laburara con él; lo supe cuando cambió de cara, cerró las cejas, acortó la mirada y soltó “no me dejes sola en esta ciudad”. Y me abrazó, tan pero tan fuerte, y yo también, yo no me quería ir, pero especialmente no la quería dejar sola, no para hacerme el protector ni el macho alfa, sino porque la necesitaba más a ella que ella a mí. 

Lo nuestro nunca quedará claro, lo que sentimos uno del otro encuadra en un pacto implícito sin fecha de vencimiento, pasan parejas, chongos, pendejas, curtir, algunos enamoramientos pasajeros, tan volátiles como nosotros, y luego del recorrido nos encontramos en la misma parada, decimos hola y el encanto sigue estando ahí, diciendo presente. La miro despatarrada, fumando marihuana y siento que la vida sin ella sería un mucho más fulera. Es lo más lindo que le puedo decir. Enfrente Lucas, lo contemplo, barbudo, con aires de otro lugar, nos sentimos distintos, como en la búsqueda de encontrarnos, el tiempo transcurre, las experiencias avanzan y se multiplican, estamos en ese proceso de reaclimatación, está ahí, con un buzo encima del culo, no se quieren sentar en la arena, la ida a Bruselas lo habrá puesto más exquisito, supongo. Eso será cuestión de tiempo Luquitas, volviste hace poco y nos cuesta verte tan cambiado, digo nos, podría decir yo, el más sentimentalista del grupo, tan poco adepto a los cambios. Me cuesta verte así, extraño, sin poder desentrañarte al menos por ahora pero sé que sos vos, el que lo cargaba a la madrugada por Avellaneda, con todos los negocios cerrados y tu obstinación era mearle el negocio a un pelotudo que te había echado apenas habías empezado a laburar después del viaje a Bariloche, me acuerdo de esa mirada irracional, y yo te decía, no, Luquitas, no seas boludo, no, no, va a caer la cana, no, no, increíble todos los cambios que vinieron después. Apareció Valentina, una belleza diminuta que es nuestro espejo, la fórmula que nos da por resultado que hicimos bien las cosas, la hiciste vos pero forma parte de todos, ella es nuestro agradecimiento al mundo por lo que nos dio. 


Observo a Lucas hablando con Julia, Julia, ella, buscando su príncipe, golpeándose una y otra vez la cabeza con cada uno que aparece, uno peor que el otro, uno que le miente más que el anterior, pero insiste, va, apuesta, le perdió el miedo a perder. Julia tiene la cualidad, y no todos la tienen, de creer en el amor. Un naipe muy débil en esta jugada llamada vida, un caballo en el truco, pero siento que esa carta aparece en algún lugar de esa campera negra, en el jean, en las chatitas, que se le encaja en un mechón de su pelo, que se levanta cada mañana para ir al laburo, ve la carta y sonríe. Yo la escucho con mucha atención, escuchar a Julia es comprender, al menos en cierta parte a las mujeres. No la puedo desaprovechar, no por una razón de funcionalidad estricta, sino porque histriónica y todo, a veces desencajada, frustrada, triste e indómita, encuentra la felicidad más seguido que yo. Quizás hurgando, después de tantos años de amistad, encuentre cómo lo hizo, qué brebaje tomó. Toda mi admiración Julia. Exclusiva para vos. En el círculo humano está Mica, Lucas, Julia, Fede, Daniela y dos pibes que ni sé de dónde salieron. Me relajé, apoyé la cabeza en la arena y pensé cómo en un segundo, en un golpe de mirada, todos estos pensamientos fluyeron, no tenía ni un anotador ni nada, las palabras aparecían, distintas a éstas, pero el orden de los factores no alteró tanto al producto. Cerré los ojos y sentí a Mica cerca, que se aproximaba, corrí la cabeza a la derecha y la vi haciendo un montículo de arena y dejándolo de escapar en la mano, así sucesivamente, escuché el ruido del mar incesante, ése viento fresco potente, ése frío delicioso y fui feliz por el momento. Mica me vio y sólo dijo, esa sonrisa, lo sé, se debe a algo, ya sabés sobre qué escribir ¿no? 

Buscar en Doble 5

Cargando...
Colaboraciones