martes, 30 de octubre de 2012

Kilómetro 404


Me acuerdo mucho del 98. Trabajaba en el Casino, eso sí, mi tercer o cuarto empleo, después de lo del cine, el negocio de alfombras y el curro que hice un par de meses como chofer, todavía sin licencia, ayudando a un tío de mucha plata que la hizo en el rubro gastronómico. Hurlingham – Once, el trayecto. Así, sucesivamente, naturaleza, verde, casa bajas, mucha tierra, a un ruido insoportable, irascible al sentir, fuerte, que no se detenía. Y del sonido estruendoso al silencio y otra vez a la Ciudad. Ya unos años con María Eugenia, con planes de al menos irnos a vivir juntos, si luego salió la oportunidad del departamento de Once, de Paula, una amiga de ella que un día se rayó y se fue a vivir a Nueva Zelanda, o como decía ella Nueva Zelandia. Ella nos contaba, lo narraba así a su próximo destino pero nunca la quise corregir. Peor aún, después entré en colapso porque quizás ella tenía razón. Ojo, podría haber movido el culo del sillón e ir a buscar el diccionario pero ni tanto Paula como Nueva Zelanda o Zelandia, como carajo se llamara, no me interesaban, no ameritaban hacer el esfuerzo. Hasta hoy no tengo la respuesta que devela el enigma. Paula era agria, silenciosa, un ser con desplantes y calenturas del momento, tenía guita, propósitos estrambóticos, y sí, no estaba buena. Éste último factor era inverso, alteraba el producto. Y de Nueva Zelanda, Zelandia, o como se llame, me venía el recuerdo de Jonah Lomu, una bestia que jugaba en los All Blacks que se llevaba puesto a los rivales como si fueran muñequitos legui. Después me enteré que tuvo que ser transplantado, que intentó volver al primer nivel, pero no, no, ya no volvió a ser el mismo. Con Eugenia, poco tiempo después, se desbarrancó todo. Una noche con mucha humedad de septiembre nos puteamos y la vi irse con una camisa de jean y una cartera, taconeando, levantando ese culo prodigioso, una escultura digna del Renacimiento italiano, que tantas alegrías y envidias ajenas me ocasionó. La vi irse dándome la espalda, con el pelo rubio recogido y dejando una fragancia de un perfume al que siempre le preguntaba cómo se llamaba y no recordaba. Tampoco me vino a la mente en ese momento. Pensé que sería un enojo pasajero de los dos y que a los días le podría preguntar por enésima vez y ella mordiendo los labios, diciéndome, ¿Otra vez, Pablo, no ves que no me das pelota cuando abro la boca? Pero no la volví a ver, salvo unas llamadas telefónicas que quedaron en la nada. Me tenté de buscarla ahora en el Facebook, pero no, quiero quedarme con aquél recuerdo, esa imagen mental de su magnífico culo yéndose por Córdoba. Me acuerdo de ése día, ya de noche, en el Casino, contemplando a la gente jugando, desesperada, todos en un recinto para salvarse la vida. Quieren salvarse la vida, hablaba para dentro, porque la vida que les tocó es una mierda, por eso van, apuntan a que saliendo de ese lugar, todo se transformará para mejor. Que dejarán ese laburo de mierda, explotador, cínico, que le pagan dos mangos para dormir en su casa hasta las doce del mediodía; que dejarán al viejo, arcaico, que ya ni se le para, terminando en los brazos de un pendejo que las tendrá loca toda la noche; que dejarán a su mujer para enfiestarse con cuanta trola aparezca, en un yate, con falopa para repartir entre cincuenta; que el dinero los dejará ser, por fin, de una buena vez. Una tormenta de sueños, al alcance de las manos, en un solo lugar, en la víspera, en la expectativa de que hoy sea el día. Nunca llega ni llegará, reflexiono desde el hoy. Pensé también que mi vida era una mierda, que no encontraba sentido a lo que me rodeaba pero por primera vez tuve la claridad de ver que como todo tiene un fin previsto, el camino hay que atravesarlo con tranquilidad. A cada uno le tocará el kilómetro 404, el final, en el que de chico esperaba para llegar a Mar del Plata, tirarme al mar, llenarme de arena, pedirle a mamá, a la tardecita, tipo cuatro, licuados de banana. El fin de ciclo, entonces todo dependerá del mientras, y que en eso hay libre albedrío para repartirse funciones, extravagancias, blackjack o ruleta. Ése 1998, con olor a cigarrillo en el uniforme, me recuerda a la conclusión fatal e inexorable. Y desde allí empecé a pensar cómo cambiar el desarrollo, cómo podía hacerlo.

domingo, 28 de octubre de 2012

3° Programa de Bonito Cuelgue


domingo, 21 de octubre de 2012

Bonito Cuelgue -2° Programa-


lunes, 15 de octubre de 2012

Bonito Cuelgue -1° Programa-

Bonito Cuelgue es un delirio, de aquellos que surgen una noche y nos decimos, ¿por qué no? Que como espacio de reflexión, en esta Argentina tan volátil, esquizofrénica, maniquea, bajar los cambios, respirar, meternos en la actualidad pero a otra velocidad, acompañando de buena música. Basta de presentaciones, se los presento y dejo a gusto del consumidor. Ojalá les guste. 

domingo, 14 de octubre de 2012

No lo hay

No hay un secreto para escribir. Aparecen las ideas, tratamos de articularlas, de darle color, forma y sobre todo imagen. Un relato que te traslade a un nuevo imaginario, de depositar lugares, personas todas en el cerebro, que estén en continua pugna, que nos sobresalga la mente con fantasías, con algo hasta que se podría tocar. Si sucede, aunque sea en una mínima parte, el escritor debe darse por satisfecho. En la histórica pugna, en cómo hacerles gustar a otros palabras que vienen dentro de uno, porque la ley es universal, todos somos diferentes. El desafío se inicia allí, en un trabajo de orfebrería, de palabrita por palabrita, porque la fuerza gramatical vaya que existe, y dos sinónimos a veces no son dos sinónimos, y uno, como sujeto, valora a determinados términos y otros no los siente como tales, como si no le pertenecieran. Sucede a veces eso y pensamos cómo compatibilizar nuestros gustos con el exterior, porque escribir es un acto egoísta por naturaleza, pero las sensibilidades forman parte vos, de él, de ella, de un grupo más chico, grande, dependiendo las edades, la recepción llega y no es un dato menor. Y ahí cargamos nuestra valija de fantasmas, alegrías, miedos, amores, venganzas, rencores, prendemos la computadora, la hoja en blanco y empezamos.

sábado, 6 de octubre de 2012

Ausencia


La muerte es irremediable, no tiene vuelta atrás. El hecho en sí conmueve, repercute al exterior, en la conformación de sus fibras, más aún si el protagonista es público, si con sólo nombrarlo el destinatario imagina su figura, erguida, sonriente, lidiando con el bastón y la banda presidencial, en aquellos tiempos de la Argentina, fracturada, con las heridas visibles, tan visibles, una Argentina putrefacta de desaparecidos, dolor, preguntas y una palabra no tan conocida en el vocabulario colectivo: democracia. Ésos ´80, en una ilusión genuina, en aquellos jóvenes creyentes que con la democracia todo se podía hacer, como una heroína dispuesta a cumplir con éxito cualquier aventura sin importarle el enemigo de turno, el más conocido agazapado en los cuarteles. Que ella, valiente, corajuda, escribiría sobre el final las páginas ganadoras. El dolor que se observa en hombres y mujeres, que superan los 40 años, que caminan alrededor del Congreso que guarda los restos del ex presidente, que se secan con pañuelos sus lágrimas, abrazan a sus pares, que saben, perfectamente, que con la partida de aquél hombre, también se muere la ilusión, la primavera que nunca llegó a florecer en plenitud, que quedó a la mitad del camino, como un Dolores a Mar del Plata, como un espejo triste, deformante del ser argentino. Hay personas que reflejan cabalmente un momento histórico, la crisis posterior sucedida en 2001 no podrá comprenderse históricamente sin el gobierno de Néstor Kirchner, la Historia (sí, con mayúscula, como ciencia) debe asimilarse como una articulación de coyuntura permanente, de hechos que suceden, suceden y suceden y coloca a figuras como estandartes de ese proceso, que, como bien detalla la historia argentina, no está exenta de violencia, pujas y tensión, todas en similares dosis, un brebaje con olor a tango y dulce de leche. Se repite la historia, no es un cliché al pasar, se repite y a veces no nos damos cuenta. En las banderas rojas y blancas, en algunas salteadas boinas blancas, en los gritos vivando su apellido, atronadores, salidos de gargantas rojas y angustiosas cuando el ataúd lleno de flores y la bandera argentina recorre la avenida Callao, en el llanto de un chico que no supera los 20 años, cargando su mochila de Green Day, con su cara congestionada, con un amor referencial que por cuestiones cronológicas se depositan en su ADN. En un olor a naftalina, como si el barrio de Congreso se destiñera, la plaza estuviese con ráfagas de blanco y negro, como si la realidad nos ubicara en otro tiempo, tal vez, para mucho de los presentes, el tiempo del que nunca, a pesar de todo, habrían permitido que pase, darían años de sus propias vidas para que ese 1983 se mantenga eterno, o quién dice retroceder y modificar las cosas mal hechas, reforzar lo bueno, exigir más Justicia, llenar las partes del rompecabezas que faltaban y que el tiempo, bien diablo, logró destruir sin preámbulo. Casual o casual, amigo lector, lo mismo que recitaba Alfonsín.

lunes, 1 de octubre de 2012

Hoy

Retruena la voz, acomoda sus pertenencias y se va a un lugar indeterminado, confuso, imperceptible para los demás. Se descolora la imagen, el sonido del viento chocando, los árboles en continuo movimiento, la fuerza intrínseca a la vista, natural, que despliega un mensaje oculto, indivisible. Avanza a paso presuroso, se intimida a sí mismo, va a buscarse. Es otro día, el sol golpea en la cara, el reloj marca seis y veinte, pone la radio, se acomoda las manos por detrás de la cabeza, hace fuerza para estirarse, una y otra vez y se queda. Los músculos se fuerzan hasta el límite, buscando ese ruidito, tan sonoro, de objetivo cumplido. Escucha voces de la radio, que tratan temas de actualidad, pero sumerge la vista en su verticalidad, en lo que lo rodea, la silla y la mesa del costado, una ventanita, las paredes del baño descascaradas, los retratos de flores en la pared, el olor a lavandina, el piso con esa madera vieja, renegrida. Y humedad, mucha. 
Respira por nariz, exhala por boca, cuenta, uno, dos, tres, cuatro, busca el sueño de vuelta, trata de hundirse en el colchón, finito, que ni le llega a los pies, trata como sea. Paralizarse, sentir que la respiración mengua, cerrar los ojos y dormirse, sentir el momento que el cuerpo se oxigena, que se alimenta de sí mismo, ése estado de levedad, que es finalmente lo que busca. Y el ruido en la cabeza empieza a surgir con una melodía, un tango de Edmundo Rivero, algo del escolazo, la voz tan perfecta de escuchar, todo en su cabeza, cada frase recitada. Se queda dormido. El reloj marca las once y diez, se encuentra con los brazos al costado, los ojos cerrados y otra vez el ruido del viento que roza el vidrio de la ventana, un otoño que ya empieza a mostrar los dientes. Salió a la calle, con hambre, es otro día, otro momento, otras sensaciones, es hoy.

martes, 11 de septiembre de 2012

Premios Planeta Digital


El escribir es un ejercicio hermoso, placentero, liberador, una cuota de oxígeno en la rutina de todos los días, del cansancio que no se va, de los fines de semana minúsculos, de todo. Escribí en el concurso Premio Planeta Digital un cuento llamado "De su lado". Entran aquí y si quieren y les gustó, lo votan. Los 120 más elegidos irán a una selección para determinar el ganador. Gracias! 

lunes, 27 de agosto de 2012

Va


Los recuerdos se entrecruzan, van, vienen, Nicolás sale del trabajo, cruza la calle y se pone los auriculares, después de tanto acorde desajustado necesita armonía, un sonido desapegado a lo que adquirió su oído en todo este tiempo. Ése tiempo olvidable. La música como estabilizador, una balanza en constante equilibrio, que no se va para un lado ni para el otro, oscilante para aquí y para allá, como en una sucesión adormecedora. Una hamaca paraguaya, ponele, como ésa que usó esos días en el Delta, el verano de hace un par de años, flotando entre la naturaleza. En el caminar, en el pisar el suelo repasa los hechos que lo ataron a esa realidad, el por qué tomó estas decisiones, en qué momento estaba para hacer lo que hizo. La pregunta lo dignifica, tiene la valía de hacérsela, otros, pensó, ni empiezan por ese proceso, no les interesan, siguen atados a esa proporción mediocre de juntar las cositas, aferrarse a lo material, a un puchito de guita, a la queja sobre el exterior, siempre culpable de todo, también se acuerda de su viejo que le decía que la mortaja no tiene bolsillos. Cuánta razón tenías viejo, piensa. Muy pocos hacen lo que desean en el momento justo, la ausencia de inconsciencia imposibilita cualquier arraigo personal que salga fulgurante a la palestra. Olvidate que suceda eso, qué mundo de mierda, qué personas de mierda somos, andamos desaprovechando potencialidades en lo banal, en el expediente que nada va a cambiar, en las discusiones absurdas que no construyen ni una pared de ladrillos de medio centímetro. Y va, sube por Rivadavia observa todos los carteles de publicidad, los más llamativos, los papeles pegados en los escasos teléfonos públicos ofreciendo sexo, todo una mercancía al alcance, hasta vos, porque sí, porque vos más barato o más caro también tenés un precio, pasa por Primera Junta, recorre los puestitos de libros, se imagina trabajando ahí leyendo todo como un enfermo que poca bola le daría a los clientes y trataría de levantarse a cualquier pendeja que apareciera, demostrar la seducción desde lo intelectual, el combo perfecto, llega a Flores ve cómo los autos se amontonan, que la circulación se convirtió en ida y vuelta, que los autos siguen, doblan, como la vida es también un poco de esto, a veces seguir, frenar, doblar o irse de frente contra un árbol. En la bolsa de posibilidades encontramos todo, infinitas combinaciones de la existencia, que debe entenderse como libertad o nada, no pueden ni debe haber puntos intermedios en esta dicotomía. O sos o no sos, no le demos más vueltas. Entendió el mensaje, no podía más tolerar que le digitaran la vida, que enhebrara con culpa cada una de las acciones, ya no quería volver a atormentarse. El de atormentar es un acto aberrante si se ejecuta desde tal sujeto a otro, pero mucho más aberrante y complejo es hacérselo a uno mismo, tiene otra connotación más sádica, más jodida en solución.  Sintió el viento en la cara, resopló y descontaminó su cuerpo, aspiró nuevas energías aunque supiera que se le acabarían enseguida, como un artefacto sin baterías, que daba lo que podía, que era hora de reinventarse, como sea.

viernes, 17 de agosto de 2012

Levedad

Hay gente que da todo a cambio de nada. Mar de Ajó ha cambiado, quedan retazos, estructuras, un poco de aire y no mucho más de aquellas fotos de la infancia. En la arena, amplia, acomodo los puchos en el bolsillo de adelante del jean, el cielo oscuro, estrellado, nosotros tirados, pasa el fernet, la lengua se afloja, nos vamos soltando, Mica se me tira de costado, me pega un beso de lleno en el cachete, siento la separación de sus labios tras el impacto, la veo de costado, estrenando su pelo corto, enérgica, con esa vocación de felicidad en los ojos, sonriente, nos miramos y volvemos a reír. Ella ya forma parte de mí, lo supe en esa tarde nublada, yo cansado de la facultad, de la rutina, de viajar como el orto, del trabajo de mierda, ya agotado, le dije de mi deseo de irme a Mercedes, de intentar algo nuevo, le hablé de Matías, mi primo, que se estaba llenando de guita con ese campito que había heredado, que me había llamado, que quería que laburara con él; lo supe cuando cambió de cara, cerró las cejas, acortó la mirada y soltó “no me dejes sola en esta ciudad”. Y me abrazó, tan pero tan fuerte, y yo también, yo no me quería ir, pero especialmente no la quería dejar sola, no para hacerme el protector ni el macho alfa, sino porque la necesitaba más a ella que ella a mí. 

Lo nuestro nunca quedará claro, lo que sentimos uno del otro encuadra en un pacto implícito sin fecha de vencimiento, pasan parejas, chongos, pendejas, curtir, algunos enamoramientos pasajeros, tan volátiles como nosotros, y luego del recorrido nos encontramos en la misma parada, decimos hola y el encanto sigue estando ahí, diciendo presente. La miro despatarrada, fumando marihuana y siento que la vida sin ella sería un mucho más fulera. Es lo más lindo que le puedo decir. Enfrente Lucas, lo contemplo, barbudo, con aires de otro lugar, nos sentimos distintos, como en la búsqueda de encontrarnos, el tiempo transcurre, las experiencias avanzan y se multiplican, estamos en ese proceso de reaclimatación, está ahí, con un buzo encima del culo, no se quieren sentar en la arena, la ida a Bruselas lo habrá puesto más exquisito, supongo. Eso será cuestión de tiempo Luquitas, volviste hace poco y nos cuesta verte tan cambiado, digo nos, podría decir yo, el más sentimentalista del grupo, tan poco adepto a los cambios. Me cuesta verte así, extraño, sin poder desentrañarte al menos por ahora pero sé que sos vos, el que lo cargaba a la madrugada por Avellaneda, con todos los negocios cerrados y tu obstinación era mearle el negocio a un pelotudo que te había echado apenas habías empezado a laburar después del viaje a Bariloche, me acuerdo de esa mirada irracional, y yo te decía, no, Luquitas, no seas boludo, no, no, va a caer la cana, no, no, increíble todos los cambios que vinieron después. Apareció Valentina, una belleza diminuta que es nuestro espejo, la fórmula que nos da por resultado que hicimos bien las cosas, la hiciste vos pero forma parte de todos, ella es nuestro agradecimiento al mundo por lo que nos dio. 


Observo a Lucas hablando con Julia, Julia, ella, buscando su príncipe, golpeándose una y otra vez la cabeza con cada uno que aparece, uno peor que el otro, uno que le miente más que el anterior, pero insiste, va, apuesta, le perdió el miedo a perder. Julia tiene la cualidad, y no todos la tienen, de creer en el amor. Un naipe muy débil en esta jugada llamada vida, un caballo en el truco, pero siento que esa carta aparece en algún lugar de esa campera negra, en el jean, en las chatitas, que se le encaja en un mechón de su pelo, que se levanta cada mañana para ir al laburo, ve la carta y sonríe. Yo la escucho con mucha atención, escuchar a Julia es comprender, al menos en cierta parte a las mujeres. No la puedo desaprovechar, no por una razón de funcionalidad estricta, sino porque histriónica y todo, a veces desencajada, frustrada, triste e indómita, encuentra la felicidad más seguido que yo. Quizás hurgando, después de tantos años de amistad, encuentre cómo lo hizo, qué brebaje tomó. Toda mi admiración Julia. Exclusiva para vos. En el círculo humano está Mica, Lucas, Julia, Fede, Daniela y dos pibes que ni sé de dónde salieron. Me relajé, apoyé la cabeza en la arena y pensé cómo en un segundo, en un golpe de mirada, todos estos pensamientos fluyeron, no tenía ni un anotador ni nada, las palabras aparecían, distintas a éstas, pero el orden de los factores no alteró tanto al producto. Cerré los ojos y sentí a Mica cerca, que se aproximaba, corrí la cabeza a la derecha y la vi haciendo un montículo de arena y dejándolo de escapar en la mano, así sucesivamente, escuché el ruido del mar incesante, ése viento fresco potente, ése frío delicioso y fui feliz por el momento. Mica me vio y sólo dijo, esa sonrisa, lo sé, se debe a algo, ya sabés sobre qué escribir ¿no? 

Buscar en Doble 5

Visitaron

Colaboraciones
Wikio – Top Blogs – Deportes
Mi Ping en TotalPing.com
Este blog es parte de Buzzear (AR)
Sports blogs
Blogalaxia
Powered By Blogger