jueves, 6 de enero de 2011

Ariel Ortega: el camino del errante

Debería ser una ley con orden estricto de cumplimiento: los grandes futbolistas no se pueden ir así. El final de la carrera de Ariel Ortega duele. Lo pienso como veinteañero que desde chico observó el paulatino crecimiento de ese morochito de Ledesma que hacía bailar a las defensas todos los fines de semana. Ésas medias bajas que se despatarraban en el área, que cada vez que jugábamos contra él ya me sacaba el sueño el sábado anterior (ay Manusovich!), que mantenía esa cuota de picardía argentina ya extinta en estos tiempos. Ortega, por lo que nos dio dentro de la cancha, es merecedor de otra conclusión futbolística. Sí, ya sé, es un tipo grande y determina los pasos de su vida a su antojo. Pero duele igual, porque detrás de todo y de todos hay un ser pidiendo ayuda en silencio.

La cuerda de la relación profesional con River se mantenía al límite del quiebre desde hace mucho tiempo. Hoy Juan José López, al igual que hace unos años Diego Simeone, le dijo que las puertas para él estaban cerradas. El sentimiento, el amor recíproco que Ortega tiene con los hinchas de River tendrá ribetes de eternidad. Quién lo duda. Las interminables ausencias a los entrenamientos no podían ser gratis. En un grupo humano, en este caso plantel profesional de fútbol, deben existir reglas claras para la normal convivencia. JJ López fundamente su decisión sobre argumentos concretos, no toma una determinación de semejante rebote mediático dentro y fuera del vestuario así porque sí.

Además, claro está, en la cancha Ariel ya no rinde como antes. En épocas álgidas en Núñez, finalmente los que pusieron la carita fueron los Lamela, Pereyra, Maidana, Funes Mori, Acevedo, etc. Del Burro poco y nada. Como si sólo se mantendría esa estela de ex estrella, como si estuviésemos en la presencia de un ex jugador. Quizás, y con la tristeza que amerita decir estas palabras, ya lo sea. Lo hemos dicho anteriormente: Ariel está sobrellevando una adicción y en el cual su marco afectivo debe manejarse con responsabilidad porque estamos hablando de la vida de una persona, más allá de cualquier actividad que realice. River, más allá de esta cuestión coyuntural, no debe ni puede dejar solo al último gran ídolo de la hinchada. Sería faltarle el respeto a la historia, quizás el peor pecado.

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