
Méritos también para el entrenador Javier Weber, un emblema del combinado nacional como jugador y ahora en su función como técnico. En los momentos álgidos, Weber impone tranquilidad e inteligencia para jugar cada pelota. De esto habla la posibilidad de guiar a jóvenes que, por naturaleza, pueden caer en errores. Argentina, con este cuarto puesto amén de la derrota hoy ante Polonia por 0-3, ve el futuro con la frente amplia, con la noción latente de que algo grande se está produciendo, que lo ocurrido en este certamen será el punto de inicio para esta camada de jugadores espectaculares. Serbia, Finlandia, Bulgaria e Italia, todos atrás, todos tuvieron que enfrentar y perder ante una selección argentina digna, que jamás se amilanó por la historia y presente de estos equipos históricos cuando hablamos de este deporte. En esa juventud, ávido de romper pronósticos, encontramos la ausencia de temor, de arriesgarse siempre.
Los dirigentes deben tomar nota de lo sucedido. Los sponsors aparecerán, sin dudas, y se deberán coordinar políticas activas para la búsqueda de nuevos talentos, otorgar mayor tranquilidad económica a los actuales valores y rediseñar estructuras para un crecimiento en términos de notoriedad mediática. Posibilitar que el vóley avance en la agenda de los argentinos, que trate de equipararse al fútbol, automovilismo o el revuelo mismo que generan Las Leonas, otro buen ejemplo para seguir. Argentina entre las mejores cuatro selecciones del mundo. Y es el principio de todo.
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