jueves, 7 de abril de 2011

Neymar, esperar para ser

El surgimiento de jóvenes futbolistas acarrea varias consultas, comparaciones, nivel de potencialidad, en sí, un decálogo propio que estructura a cada nuevo valor en el planeta fútbol. Vemos el caso de Neymar. Ágil crecimiento, Santos, Sub 20 y Selección Mayor, titularidad, goles y un carácter particular, con rasgos infantiles. El tiempo y por sobre todo las elecciones profesionales que determine para su futuro brindarán una pauta fehaciente hacia dónde desembocará la carrera de este joven.


Un salto a Europa ahora sería perjudicial, un adelantamiento madurativo que no sería acorde a la realidad actual de Neymar, cuya participación en el campo de juego se ve apañada, a veces, por la ausencia de inteligencia y equilibrio emocional en determinados contextos del partido. Falta viveza, saber leer lo que el encuentro va diciendo. No ir al roce físico y verbal sin necesidad. No está para eso.


Pensemos en el choque ante Colo Colo esta semana. Estúpida expulsión por la utilización de una careta con su cara que posibilitó, más la ayuda de otros compañeros en la misma –deficiente- sintonía que él, que el conjunto chileno se acercara en el marcador y casi lo empatara. Si no lo corrige a tiempo ese defecto tirará su carrera por la borda, tal cual le ha pasado a muchos. Todavía le queda cuerda para revertirlo.


Hablemos de la técnica. El paralelismo con Robinho resulta inevitable. Mismo equipo, puesto y movimientos similares. Entendiendo la juventud de Neymar, con apenas 19 años y pequeño rodaje en la liga brasileña, al menos se vislumbra una capacidad superadora al actual futbolista de Milán.


Efectivo con el arquero enfrente, imparable en el uno contra uno, exprimiendo al máximo un virtuosismo manifiesto con ambas piernas, las cuales le permite dañar desde los dos sectores. No tiene posición fija. Muy esquemáticamente lo ponemos como segundo delantero pero se maneja en todo el frente de ataque y, si no es abastecido, retrocede para estar en contacto con la pelota. Un movimiento de cintura y el rival queda en el camino. Aporta velocidad y gambeta en conjunción, aunque debe largarla más. Si entiende a jugar a un toque reforzará la supremacía sobre los rivales. Está a otro nivel, al menos en Brasil. Se genera el propio desmarque y siempre asoma como opción de juego potable. Neymar deberá comprender que un crecimiento madurativo lo transformará en un futbolista mucho más completo. Porque, en este loco fútbol, sólo con el talento no alcanza.


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