martes, 29 de marzo de 2011

No es una pregunta con respuesta*

¿Por qué todo de vuelta? ¿Por qué reiniciar un proceso que ya habíamos dado de baja? Siempre termino cayendo, como no aprendiendo la lección. Quizás es eso lo que me duele más, me trastoca la cabeza, el repetir un accionar para obtener idéntico resultado. La ecuación perpetua. El confiar y que me toquen la puerta con un sobre que diga dirección insuficiente. La puerta. El sobre. “Otra vez lo mismo”, mascullo mientras quisiera expandirme y no retraerme jamás. Poder ser varios a la vez y nadie, ser un fantasma como dice La Vela, deambulando por ahí, ir levitando ajeno a todo y no sentir. Mutar, volverse inerte ante ciertas circunstancias. Así, sucesivamente. Mantengo la guardia alta, evito los golpes bajos pero los moretones pululan por dentro. Ojalá fuese como el gran Nicolino, el intocable, donde las manos no le entraban por ningún recoveco. Siempre se mantenía allí, estoico, con la pose exacta para ser retratado en un póster que terminaría colgado en cualquier bar masculino que se precie de tal. Pero siempre termino igual ante vos, entregado, pidiendo migajas por esto, que ya ni sé lo que es. Pero es. Instantes que me observo y no me reconozco. Y ojo, no es por falta de autoestima. Sé, sin ponerme colorado, que te quedo demasiado grande. Pero todo termina en mi debe, en los reproches del por qué todo, en que mis fichas retroceden y vuelven al punto de inicio. ¿Cómo se hace para volver a confiar? No es una pregunta con respuesta. Lo concreto es que lo intenté de vuelta y salió mal. Tan simple como eso.


*Junio 2010

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1 comentarios:

jorge dijo...

Excelente ! , lástima que nos das con cuentagotas éstas cosas de tu creación.

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