lunes, 21 de marzo de 2011

Todo sigue igual (de mal)

Siento que escribo lo mismo. Que siempre retornamos a las mismas palabras, a la puesta de conciencia de que hechos como los de ayer que decantaron con la muerte de Ramón Aramayo lo único que hacen es dañar sensiblemente el tejido del fútbol. Tantas veces escribir, en vano. Los muertos se nos multiplican uno arriba del otro. Todos miramos al costado, esperamos que se acumulen nuevas noticias y que la rueda sigue su curso. De responsables, ni hablar. Que vos, que yo, que la Comisaría, que Vélez, que Abdo, cada uno tira su patada para desligar responsabilidades. Se los aseguro, en quince días nadie se acuerda. El dolor de una familia destrozada no garpa en lo más mínimo.

Lo único concreto es que si no modificamos de pleno el concepto de que el rival de turno no es un enemigo sino un adversario durante 90 minutos nada tiene sentido. Pienso por dentro y digo "es algo lógico". No lo es, parece. Espectáculo lamentable observar por televisión que los propios hinchas de Vélez cuando algún notero expresaba novedades del caso Aramayo gritaban frente a las cámaras "Cuervo cagón, ganá una copa". Y sí, qué importa que haya un muerto, si vos no fuiste a Japón. ¿Podemos llamarlos seres humanos? Les queda grande ese traje, sin dudas. Quizás tenemos los que nos merecemos, quién dice.

Y así andamos, a los tumbos, a la improvisación como materia que dice presente todos los años. La Policía, desbordada o no, pega, pega y pega. Al no haber prevención, las fuerzas de seguridad emplean la violencia como único método disuasivo. La 44 sabe de esto. La muerte de Rubén Carballo en un recital de Viejas Locas mantiene rasgos similares con el deceso de Aramayo. Acumulación de excusas por parte de la Comisaría que no convencen a nadie. Sí, otro muerto por el fútbol. Otra vez lo mismo.

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