lunes, 18 de junio de 2007

Dioses y demonios en la era de la exageración

Un artículo muy interesante de Ariel Scher del jueves 14 de junio en el diario Clarín. Me pareció una visión acorde a una dimensión tan contradictoria como lo es el fútbol.


El espectáculo del fútbol transcurre en estado de exageración consecutiva. Los ganadores flamantes son fabricantes perfectos de triunfos perfectos, sabios enormes, individuos a los que sólo cabe entregarles el elogio. Los perdedores de ocasión son escombros, músculos llenos de errores, gentes a las que hay que cambiar por otras gentes. Se trata de un show. Pero un show de extremos: gloria o Devoto, luz o sombra y, exageración de la exageración, hasta vida o muerte.Ramón Díaz, por ejemplo, el entrenador del San Lorenzo vuelto fiestas, ahora es la suma de las virtudes del fútbol. No hay nada que se escuche sobre él en estas horas que no roce lo sublime. Impresiona: hace pocos años, era devaluado por algunas de las mismas voces que hoy lo reverencian. ¿Acaso Díaz sería peor en su oficio si no hubiera salido campeón con San Lorenzo? Si algún córner, algún declive de un jugador o alguno de los azares de un partido y un torneo lo bajaba del escalón cumbre del podio, ¿sus méritos dejarían de ser méritos? No. Si las cosas no hubieran sido las que fueron, Ramón Díaz portaría iguales capacidades y carencias. Pero, seguro, no lo estarían acariciando todas las palabras del mundo.La cuestión no es Díaz. Y tampoco los hinchas que, con pasión legítima, lo aplauden. La cuestión es que el matrimonio expansivo de la industria deportiva y la industria de la comunicación construye una cultura simplista que divide al mundo de las canchas en dioses y demonios, ya no en ídolos y broncas como en tiempos viejos. En esa cultura, pesan los hechos absolutos, no los modos en que se consiguieron, ni siquiera si esos modos son ejemplares: la gloria penetra y vende; la frustración presentada como tragedia, también. A los vencedores, acriticismo y obsecuencia; a los derrotados, palo y palo.No estaría mal que el fútbol desafiara la dictadura del exitismo y contribuyera a entender que ser campeón es una alegría pero que la felicidad no está sólo en manos de los que marchan primeros en la tabla de posiciones de la vida. Claro que para lograr eso habría que ser inteligentes. Y es un problema: en el espectáculo del fútbol hay muchas cosas exageradas, pero nada está tan exagerado como la estupidez.

1 comentarios:

CALIGULA dijo...

Che, ¿se le caera un concepto alguna vez a Ramon Diaz?

Saludos!

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