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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Independiente, en horas difíciles

Independiente transcurre una penosa situación en este Apertura. Lejos del protagonismo que osó disfrutar el pasado campeonato con Américo Gallego, esta realidad lo custodia en el fondo de la tabla con apenas tres puntos y una clasificación afligida en la Copa Sudamericana ante Argentinos, otro que anda de capa caída. A Daniel Garnero, una apuesta del manager César Luis Menotti y del presidente Julio Comparada, se lo encuentra enredado, enmarañado, abatido, sin poder plasmar una idea al menos coherente de juego.

El empate agrio ante Quilmes el último domingo renovó el enojo de los simpatizantes, disgustados del bajísimo nivel que desarrollan los futbolistas, salvo la excepción del arquero Adrián Gabbarini, Lucas Mareque y Andrés Silvera. Garnero prueba, prueba y prueba pero no parece enraizado a una concepción de juego, a una idea para al menos seguir y que los jugadores tomen como tal. Desde el andarivel izquierdo promueve que dos tres se hagan cargo de esa porción del terreno, con Mareque más adelantado y Velázquez detrás pero esa utilización desordena el mediocampo, incomoda a Battión en su puesto de cinco, a Godoy también lo afecta y en la parte de la creación Gracián aparece apenas como el apellido de aquél que brillaba en Vélez, un caso similar al sucedido con Lucas Castromán, dos futbolistas que, luego de su paso exitoso por Liniers, deambularon en diferentes puertos jamás obteniendo el reconocimiento que tuvieron en esos buenos tiempos.

Arriba a Silvera le cambian los compañeros (Pacheco, Patricio Rodríguez y Parra) pero lo siguen sin abastecer, teniéndosela que arreglar continuamente en forma solitaria, pivoteando, pateando de lejos, buscando posibilidades bajo un esquema que no piensa en absoluto en su presencia. Una incapacidad latente de este Independiente, en cómo aprovechar a un delantero de elegancia y calidad certificada en el área, de talento, a veces desprejuiciado y lagunero, pero, sin dudas, de lo mejorcito con lo que cuenta el fútbol argentino. En el banco de suplentes tampoco se vislumbra la solución. Retazos de Nicolás Martínez y Federico Mancuello no alcanzan para modificar la (triste) realidad imperante.

Los refuerzos, Germán Pacheco, Cristian Pellerano, Maxi Velázquez, Nicolás Cabrera, Facundo Parra y Roberto Battión distan en demasía de los salientes Ignacio Piatti, Darío Gandín y Leonel Nuñez, por citar tres apellidos que brindaron un rendimiento interesante durante el Clausura pasado de la mano de Gallego, a quien no se le renovó el contrato, de forma incomprensible, con el propósito de fortalecer un proceso que abarcara en plenitud las divisiones inferiores, cuya referencia sería Garnero. Se vislumbra, luego de poquísimas fechas, que esa presunción ideal que soñaron Comparada y Menotti se derriba como un castillo de naipes. Que Independiente se descapitalizó, que afectó su patrimonio dejando de lado jugadores que ya habían demostrado credenciales de eficacia con esta camiseta resulta indudable. Las estadísticas así lo marcan. ¿Las inferiores? Ah, gracias.

La salida de Gallego, un entrenador reconocido, cultor de una línea de juego determinada que dio frutos en Avellaneda, aparenta como una lucha de egos con el manager, cuyo resultado favoreció al técnico campeón del mundo en 1978. Julio Comparada resultó cómplice en esta historia, una gestión que se ha visto signada por la pésima política futbolística, de nula capacidad y visión constructora del futuro, donde los errores se repiten sistemáticamente. Queda claro que Independiente no merece este presente.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Independiente y la mala memoria

Los argumentos por las cuales se fue Américo Gallego de Independiente conservan poca lógica. Primero porque, más allá del decaimiento que sufrió el equipo en el pasado Clausura, el equipo produjo una suma de puntos valiosa que le permitió clasificarse a la Copa Sudamericana, un torneo internacional que hace bastante tiempo no participaba. Además Gallego promovió algunos futbolistas de las inferiores como Gabbarini, Galeano, Vittor, Mancuello, González y Velázquez; sumó soldados que revirtieron un pasado oscuro y hoy son piezas claves como Núñez y Tuzzio; enarboló en algunos pasajes concretos de la temporada momentos de muy buen fútbol; en síntesis una temporada provechosa, sin el campeonato tan deseado, pero con una conformación grupal que, más el arribo de un par de refuerzos, podía pensar tranquilamente en un éxito a corto plazo.

El presidente Julio Comparada más el manager de la institución, César Luis Menotti, llevaron a cabo un resumen de lo acaecido en la temporada y decidieron que no había espacio para la continuidad de Gallego. Algunas malas decisiones tácticas (caso Núñez ante Argentinos); declaraciones filosas que no cayeron bien en el seno del plantel y una probabilidad de pedido de refuerzos de jerarquía, surgen como causantes de una decisión controvertida, de tirar el tablero de una estructura que en poco tiempo había brindado señales de solidez y confianza. Si hubiese salido campeón nadie se acordaría de estas acciones.

Tanto el presidente como el manager avalaron la idea de traer a un hombre de la casa (¿acaso el Tolo, con el título de 2002, no lo es?), joven y que pudiera concadenar un proyecto con semejanzas a Lanús, de apego incesante a la promoción de las divisiones inferiores. Una propuesta distinta a lo que querría -y lo ponemos en condicional- Gallego. Sería pertinente destacar que las obligaciones y presiones con las que carga Lanús no tienen el mismo peso que en Independiente. Son otras exigencias: los dirigentes deberían comprenderlo.

El nombre que apareció fue el de Daniel Garnero, una gloria del club en la década del `90, quien ya tuvo sus primeras armas en el banco de suplentes con Arsenal, tanto en divisiones inferiores como con la primera división. El ex enganche estaría acompañado por Pablo Rotchen, otro ex futbolista de la casa. Más atrás, y en el pensamiento de algunos directivos asoma la posibilidad de Miguel Ángel Brindisi, un hombre que dirigió con singular éxito al Rojo. Ricardo La Volpe y Nery Pumpido asoman como opciones secundarias.

Lo concreto es que Américo Gallego ya no pisará Avellaneda. Decisión al menos incomprensible si se recuerda cómo tomó el Tolo a este equipo y de la forma que lo deja. Una diferencia notoria, para mejor claro está, pensando en el bienestar de la institución, con la noción de retornar al lugar de grandeza que requiere un club con la historia que posee Independiente. ¿Comparada, Menotti, los dirigentes tendrán mala memoria?

miércoles, 17 de marzo de 2010

Independiente marca el camino del Clausura 2010.

El equipo dirigido por Américo Gallego solidifica sus posibilidades de quedarse con el torneo a base de un conjunto que, con el correr de las fechas, aplica fundamentos sólidos, ya sea en el plano defensivo, a partir del gran momento futbolístico que atraviesa Eduardo Tuzzio y también de mitad de cancha hacia delante con una dupla Andrés Silvera – Darío Gandín que en el actual certamen confirmó el buen desandar que ya habían gozado el Apertura pasado.

Hay otros nombres como Adrián Gabbarini, Lucas Mareque, Ignacio Piatti y en especial Walter Acevedo, relegado durante mucho tiempo en San Lorenzo, quienes, a partir de la confianza depositada por el entrenador, le han respondido de modo eficiente y se han convertido en piezas claves del andamiaje del Rojo, solitario líder con 20 unidades.

El Tolo cuenta con una gran responsabilidad por el momento que vive Independiente. Vivo, motivador y respetando una filosofía de juego, de no regalar porciones de terreno al rival, sino afincarse en el campo contrario, desplegar el fútbol por los andariveles y no desaprovechar las oportunidades frente al arco contrario.


Sin un lucimiento general que recuerde a aquél fantástico grupo del 2002, con Montenegro, Insúa y Silvera a la cabeza y con Gallego en el banco, esta versión de 2010 apunta al fortalecimiento de la estructura orgánica del conjunto, teniendo como pilares fundamentales un arco bien protegido, orden defensivo y un mediocampo raspador que combina, de a ratos, técnica con el balón en su dominio. El partido ante Chacarita, con geniales intervenciones de Gabbarini, brinda una pauta concreta de lo expresado anteriormente.

Faltan varias fechas para la finalización del Clausura y las cosas, como vienen sucediendo en los últimos años, pueden cambiar de mano rápidamente. Banfield, Vélez y Estudiantes surgen por decantación como rivales de fuste para las aspiraciones de Independiente. Habrá que determinar cuánto durará el periplo de estos tres clubes en la Copa Libertadores para así ver qué fuerzas reunirán para batallar el certamen local. Independiente, por su parte, va derecho sin mirar atrás, los hinchas se ilusionan y los recuerdos del 2002 aparecen mágicamente. Como si se volvieran a repetir.

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