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jueves, 24 de marzo de 2011

¿Cómo informarse y no morir en el intento?

Revolvemos, buscamos, sacamos la lupa, intentamos nuevas formas. No resulta nada sencillo informarse en la Argentina. No hablo precisamente del acceso a las herramientas comunicativas, asunto de debate en varias provincias, con aroma a feudalismo y voces monopólicas. En busca de desterrar estas prácticas, deseamos fervientemente la puesta en marcha, sin ningún tipo de restricciones, de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, una norma votada en democracia y que se sigue estacando en despachos judiciales. Ay, medidas cautelares…

La pugna de intereses empresariales decanta en que cada diario, radio o canal de televisión propone un panfleto de sus propios intereses y desea utilizar con ansias la teoría de la aguja hipodérmica, aquella que narraba los efectos de los medios de comunicación de masas sobre la opinión pública, donde el sujeto se encuentra en condiciones de aislamiento y en el que a partir de la transmisión de los mensajes, recibe de forma pasiva y acrítica toda esa información inyectada por los medios. ¿Cómo hacemos para purificar el material que nos llega, profundizar el sentido crítico, saber quién dice qué, analogía de lo que narraba Marshall McLuhan con “el medio es el mensaje?

Y ahí andamos, medio a los tumbos, tratando de batir el cúmulo de cifras, datos, fuentes, todo juntito y que de esa mezcla salgo algo productivo, fructífero. Cuesta, lógico, a veces las neuronas producto de rutinas hacen mella en la faz intelectual. Pero hay que hacer el esfuerzo, redoblar la apuesta. Pensemos en un ejemplo simple, diario, como el de preparar una ensalada. Con las noticias es similar. En vez de lechuga, tomate, zanahoria y lo que cualquier servidor guste, hay que profundizar las propias voces dentro de uno.

Sí, un poco de Clarín, algo de La Nación, leer editoriales en Página 12, animarse, sin miedo muchachos, a comprar Tiempo Argentino, a indagar blogs K y visitar Perfil.com, escuchar Mitre pero a su vez darse un tiempito para poner La Tribu, mirar especiales de Encuentro y a su vez algo de Canal 13, colgarse con una entrevista a Jorge Asís, no sé, ante todo ampliar el mapa conceptual.

Lógicamente todos cargamos con nuestra ideología, la cual podrá enriquecerse o no, modificarse o no, a lo largo de nuestra vida. Quién sabe que nos deparará el futuro. Lo esencial en estos tiempos –maravillosos, hay que decirlo- donde se discute el rol de la prensa sin tapujos, es no darle el gusto a aquellos que buscan la antinomia por naturaleza, que nos desean mostrar la realidad desde una única esfera irremplazable. El periodismo no es un clásico de fútbol. No le demos el gusto, abramos el bocho, usemos la razón diría Hegel, que en ella encontraremos lo divino.

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viernes, 24 de diciembre de 2010

Mi deseo a Papá Noel: Ley de Medios Ya!

Argentina se encuentra signada por una batalla mediática jamás vista en su historia. La sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, producto de diversos debates que se desarrollaron a lo largo del país, con masiva concurrencia, posee el propósito ineludible de reemplazar a la anterior norma, dictada en los tiempos de la última Dictadura Militar y remendada de forma escandalosa por los sucesivos gobiernos democráticos, en especial durante la presidencia de Carlos Menem, que favoreció abiertamente a la concentración de capitales. Una política marcada por la desregulación del Estado, con el propósito de reducirlo en forma considerable para que las grandes corporaciones, en este caso mediáticas, manejen el tablero económico a su antojo.

Sí, pensamos en el Grupo Clarín, que a través de poseer los derechos de transmisión del fútbol argentino durante la década del noventa logró captar a través de mecanismos coercitivos a miles de cableoperadores que existían en Argentina. Pero Clarín no es el único caso. El Grupo UNO, propiedad de José Luis Manzano, Daniel Vila y el diputado por la Provincia de Buenos Aires, Francisco De Narváez, es otro caso ejemplificador de preponderancia mediática en varios puntos del país impidiendo cualquier tipo de competencia. Vienen también a la mente INFOBAE, de Daniel Hadad, oscilante en su orientación política, el Grupo Pierri y tantos otros.

Pensar que la Ley de Radiodifusión viene a afectar la libertad de prensa es una falacia. Mejor dicho, la libertad de prensa es una falacia. El sociólogo belga Armand Mattelart expresaba 1973 que "la libertad de prensa es la libertad de la propiedad. Es funcional a los intereses de los propietarios de los medios de producción. El medio de comunicación de masas liberal no puede emitir sino mensajes que apunten a la protección de sus intereses". La mal llamada Ley de Medios K, titulada hasta el hartazgo por TN, Canal 13, Clarín, América, tiene la potestad de poner límites al dominio oligopólico de estas empresas. Así puede entenderse su comportamiento feroz, atacando sistemáticamente a quienes están a favor de la misma. Ampliar el mapa mediático permitiendo una mayor pluralidad de voces, poner un tope a las licencias, favorecer los contenidos nacionales, incrementar la participación de organizaciones sin fines de lucro, incentivar a la industria del cine, en síntesis una serie de medidas que ejecutará esta ley, por la cual bregamos desde hace mucho tiempo. El próximo escollo será superar las burdas medidas cautelares que impiden su normal desenvolvimiento. Habrá que seguir dando el debate, la discusión que haga falta. Pelear por la Ley de Radiodifusión es pelear por más y mejor democracia.

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