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jueves, 21 de abril de 2011

La vigencia de Matías Almeyda

Cinematográfica. Así puede ser considerada, desde hace un tiempo atrás, la vida futbolística de Matías Almeyda. Retiros, idas y vueltas, que Quilmes, que Fénix (¿se acuerdan de las expulsiones?), que Noruega, que el Super 8 con retirados hasta transformarse en el emblema de este River que puntea a paso firme en el Clausura y con la maldita Promoción cada vez más lejos. La figura del volante central se sobredimensiona desde la esfera del vestuario, una de las patas claves para lograr objetivos. Almeyda representa un digno espejo para los jóvenes, un ejemplo a seguir. Es, finalmente, ése símbolo que River buscaba desde hace tiempo, el caudillo que no encontraba por ningún lugar. A su vez, se sustenta en el rendimiento que desarrolla en la cancha. Batallador, inteligente y con la clase internacional que supo cosechar en otros tiempos europeos y también vistiendo en otros tiempos la camiseta del millonario. Es el líder con el temple y pragmatismo que requiere el momento de River. Con la palabra justa delante de los micrófonos, vertiendo conceptos claves del propósito que debe cumplir el equipo en este primer semestre. Diciendo la realidad, ni más ni menos. Una conducción vertical realizada desde la dirigencia que llega al cuerpo técnico y por ende al plantel, al que se lo nota conciente de los tiempos reinantes.

Almeyda juega como si tuviera 20, refuerza aún más esa concepción que los que juegan bien al fútbol no necesitan ningún tipo de aclimatación. Igual, sin ser ingenuos, observamos en el de Azul una condición física genética pocas veces vista. Seguirá jugando hasta que las piernas le den, admitió hace unos días, cuando se empezó a rumorear una posible renovación del vínculo. Almeyda ama al club que le hizo forjar una carrera y en el final de la misma quiere recomponer en acciones lo mucho que le brindaron a él. En devolución. En un fútbol tan mercantilista, esta relación simbiótica sin plata de por medio resulta extraña, casi irrisoria. Ojalá en las inferiores de todos los equipos haya algún Almeyda adolescente rondando por ahí. Será una buena señal, cómo no.


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viernes, 22 de octubre de 2010

La patada a Lamela y una discusión faltante

Me quedé pensando en el caso Lamela. Curbelo y su patada, la sangre, con plus de exhibición, las declaraciones de Verón, Almeyda y todo un tema que circuló en la semana futbolera en Argentina. Hay que rescatar un tema que no se toca: la violencia ejecutada entre los propios protagonistas, tipos que en menos de un mes pueden pasar a ser rivales a compañeros, que se pueden encontrar una tarde en Futbolistas Argentinos Agremiados, que desempeñan una misma función.

Lamento disentir con Verón, tipo que le aplaudo cosas como éstas, pero que reivindica una mirada masculina, de excesiva testosterona para entender el fútbol. Raro en él, un tipo que con su brillante cosmovisión del juego no necesita ir tirando rasguños por ahí. Y el ejemplo de que en Inglaterra hay mil de ésas a mí no me conforma. No peco de eurocentrismo. Eso de que el fútbol se gana con huevos, tirarla de puntín a la tribuna y lesionar al mejor del otro equipo para sacar provecho propio es una pura y sonante mentira. No nos creamos ese verso. Que haya incapacidades técnicas, falta de profesionalismo y pánico de los entrenadores a arriesgar un puchito más por miedo de perder el laburo pueden servir de disparador para comprender el contexto reinante. No quiero excederme a esta problemática planteada.

Las respuestas de Almeyda tampoco sirvieron. Generan un caldo de cultivo al menos relevante para un partido que, si la tabla sigue como hasta ahora, resultará definitivo en las aspiraciones de Estudiantes, más con las implicancias que dejó el anterior choque con el juego dialéctico entre Ortega y Desábato y la verba florida de Cappa contra los plateístas del Pincha. Son personas con años en el ambiente, la pifiaron fulero. Seguro que debe haber divergencias personales con anterioridad que hacen presentar esta realidad.

La patada a Lamela existió y lo pudo haber quebrado tranquilamente. Curbelo ya tuvo un antecedente hace poco. La plana arbitral y de la AFA deberían tomar determinaciones ejemplares para que este tipo de situaciones no se sigan repitiendo. Repito, se pueden entender las revoluciones, los gritos, lo que fuese, pero irle así a un rival no está bien, es de mala leche. Y debe ser penado. Tan simple como eso. Lo demás es pura sanata.

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