Pecamos de reiterativos en este caso, muy difundido en los medios, pero la inclusión de Ariel Garcé en la lista de los 23 que viajarán a Sudáfrica merece al menos una reflexión, una explicación correspondiente sobre un futbolista que ha oscilado por diferentes momentos en su carrera (desde el inicio en River, el y que, de manera inesperada hasta para él mismo, vestirá la camiseta argentina en el próximo mundial. Considerables conceptos habrá vertido Antonio Mohamed, técnico de Colón y amigo de Diego, sobre un jugador de su plantel, un defensor que ha concadenado una temporada eficiente, convirtiéndose en un valor prioritario en un conjunto que, en el último semestre, deambuló sin rumbo fijo por la medianía de la tabla.¿Garcé es más que Zanetti, Coloccini, Garay o Gonzalo Rodríguez, por citar algunos ejemplos? Más allá de gustos, el grado de roce internacional de estos últimos mencionados es altamente superior al de Colón. Quizás, la capacidad de liderazgo que habrá visto Maradona en él durante el partido ante Haití, el único que jugó en este ciclo, ha sido lo suficiente concreto para ganarse los pasajes. La versatilidad del Chino, que supo ubicarse en otros momentos como lateral por las bandas, además de su puesto natural en la zaga, le otorgan al entrenador una pluralidad de variantes dependiendo el contexto del partido. Había otras opciones, sí, pero Diego eligió.
La comparación con la convocatoria de Oscar Garré en 1986 cae por decantación. El Mago llegó en las idénticas condiciones que Garcé y consiguió un espacio en el once, dándose el gusto de disputar cuatro partidos. Polifuncionales, entrando por sorpresa (Garré apenas había disputado un puñado de partidos por Eliminatorias) y mirados de reojos. Historias que se entrecruzan. Ojalá termine de la misma manera.



